La masacre de Altamira: A 15 años de la tarde cargada de plomo contra opositores

La tarde del 6 de diciembre de 2002 es fría y trae un viento que mece los árboles que circundan la plaza Altamira del municipio Chacao. Hace tres días se inició una huelga que pretende presionar al presidente Hugo Chávez para que renuncie.

Esa plaza, situada en la zona este de la capital venezolana, es el sitio escogido por los adversarios del chavismo para concentrar a sus seguidores. También es el lugar seleccionado para que un grupo de militares aparezca en televisión pidiendo la renuncia de Chávez a cambio de la estabilidad del país, relata un texto de AVN.  Faltan pocos minutos para que en ese tenso lugar ocurra un hecho que será recordado como ‘la masacre de Altamira’.

Desde la zona sur de la plaza, un hombre avanza con paso decidido. Es alto, con el cabello rojizo. Viste camisa gris con pantalón verde y dentro de poco tiempo todo el país sabrá su nombre: João de Gouveia. Se acerca a la tarima donde a esa hora hablan los militares insurrectos y un nutrido grupo de sus seguidores aplaude y apoya.

João mira al cielo como por última vez, toma una bocanada gruesa de aire, de un pequeño koala desenfunda una pistola Glock punto 40 y sin mediar palabra alguna la descarga -sujetándola con ambas manos- sobre la multitud. Dispara una primera ráfaga de forma horizontal. Entonces una cascada de gritos inunda la plaza y la gente comienza a lanzarse al suelo. Pero el tirador dirige al piso su pistola y sigue disparando sin decir absolutamente nada.

El asesino João de Gouveia (venezolano de origen portugués)

Carga un segundo peine en la pistola y lo vacía al ritmo de cuatro tiros por segundo. Otras armas cortas son accionadas en medio de la confusión, pero nadie identifica de dónde provienen esos otros disparos. João descarga por segunda vez el arma y hasta le da tiempo de poner una tercera batería de balas. Dispara un par de veces más cuando por su espalda llega un hombre que logra despojarlo del arma, asestándole un golpe en la mano con un tubo que le sirve de asta para una pequeña bandera nacional.

Desarmado João, la policía le cae encima. Antes, mata a tres personas (Keyla Guerra, de 17 años, Josefina Inciarte y al profesor Jaime Giraud Rodríguez) y otras 29 resultan heridas. Según un relato publicado en el libro ‘La nube negra’, escrito por el exembajador de Cuba en Caracas, Germán Sánchez Otero, João de Gouveia (venezolano de origen portugués) “había llegado al aeropuerto (…) a las 4:15 de la tarde del día anterior, jueves, procedente de Portugal, donde permaneciera 15 días”.

Al siguiente día, luego de haber dormido en un hotel del centro de la ciudad, “fue en procura de una pistola que días antes había enterrado en el Cerro Ávila. Luego, se dirigió al edificio Tejar de Parque Central y, en la armería Armaros, compró dos cajas de balas tipo Hollowpoint”, se lee en la sentencia del tribunal.

Seguidamente, se tiñó de rojo el cabello, también las cejas, fue al cine y cuando llegó a la plaza Altamira se detuvo en una esquina, “allí comienza a sentirse exaltado y le surgen unas alucinaciones (…) Según él, nadie lo indujo a hacerlo”.

En medio del revuelo se aseguraba qie De Gouveia era un sicario del exalcalde de Caracas, Freddy Bernal, enviado a disparar luego de haberlo entrenado en Cuba. Por su parte, el Gobierno de Hugo Chávez denunció que De Gouveia fue contratado por enemigos de la revolución para crear un conflicto y propiciar su derrocamiento. João insistirá una y otra vez que actuó en solitario y movido por la manipulación mediática de aquellas horas.

João de Gouveia fue capturado esa misma noche del 6 de diciembre de 2002 en la plaza Altamira de Caracas. En breve sería condenado a 29 años y 11 meses de prisión, publicó RT. 

(noticiasaldiayalahora.co)

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