Ya no es hiperinflación, es gigainflación: Giordani descargó a Maduro

Giordani-Maduro

El exministro de Planificación de Hugo Chávez, Jorge Giordani, aseguró en un artículo de opinión publicado este viernes que los venezolanos viven “una suerte de mundo al revés”, esto luego de relacionar la inflación que sufre la mayoría de la población asalariada y la conducta asumida por el Gobierno de Nicolás Maduro.

Acá el artículo:

Nadie hace bien lo que no sabe,

por consiguiente,

nunca se hará República

con gente ignorante.

Simón Rodríguez

En Venezuela vivimos una suerte de mundo al revés al relacionar la inflación que sufre la mayoría de la población asalariada y la conducta asumida por el gobierno que surgió a partir de abril del 2013.

Ni aún en las condiciones de encontrarse ensimismados en un supuesto poder, o encerrados en una cúpula de cristal, es posible entender dicho comportamiento atávico y cuando menos irresponsable. Sin embargo, existen algunos elementos que permiten ilustrar dicha conducta, al tratar de explicar por qué el gobierno actual permite y no asume como suyo, como administrador de la Hacienda Pública, la existencia de tan grave fenómeno inflacionario. Entre algunos elementos señalamos los siguientes:

  • Obtener un fácil financiamiento monetario del déficit.
  • Utilizar de manera discrecional el impuesto del señoreaje
  • Evadir la modificación del injusto, y poco desarrollado sistema fiscal
  • Ocultar la indisciplina financiera
  • Tratamiento inconsistente de las autoridades de la política económica
  • Desconsideración gubernamental con el ¨impuesto inflacionario¨
  • Al menospreciar el problema de la corrupción

En cuanto al financiamiento monetario del déficit, existe suficiente consenso, bajo diferentes perspectivas teóricas y evidencias empíricas, en el poder afirmar que la creación de dinero por encima del crecimiento real de la economía con fines de financiamiento fiscal, es una de las principales fuentes de generación y propagación del crecimiento exorbitante de los precios de los bienes y servicios, particularmente aquellos de primera necesidad como las medicinas y los alimentos.

La utilización discrecional del impuesto del señoreaje, como aquel impuesto que representa el exceso del valor facial de una moneda o billete por sobre su costo de producción o de emisión, el cual aumenta el ingreso gubernamental, en la medida en que la tasa de inflación sea mayor. Impuesto al señoreaje que ha venido siendo utilizado como fácil salida para aumentar los ingresos gubernamentales, principio del mínimo esfuerzo, ante la dificultad más comprometedora de alcanzar otro elemento mencionado, como es el formular una reforma tributaria radical y progresiva, que supere los límites del actual sistema fiscal que colorea los aumentos de ingreso a partir del espejismo creado por el fenómeno inflacionario.

La indisciplina financiera, opuesta a cualquier criterio de buena administración, constituye el nudo central de cualquier régimen cambiario y su correlato para alcanzar una debida estabilidad de los precios. Anunciar recursos que nunca llegan a destino, el uso de una retórica vacua y cansona, termina por mostrar esa forma de manejo de los siempre escasos recursos. De la práctica del derroche, se pasó en estos cuatro últimos años, de seguida a una conducta irresponsable en el uso de dichos recursos como si fueran ilimitados, terminando en lo que tenía que suceder, en la pérdida de una conducta reputacional por parte del gobierno, dejando de lado los necesarios efectos ordenadores en términos de una política macroeconómica fiscal, cambiaria y monetaria ajustada a los tiempos que corren. Al no tomar decisiones a tiempo, al anunciar lo que se va a decir que luego queda en el aire, al cambiar el discurso de manera permanente saltando de una cosa a la otra, los cambios sucesivos en los voceros en el área económica, han terminado por darle un tratamiento inconsistente en el tiempo a la política económica.

El ¨impuesto inflacionario¨, como la pérdida patrimonial sufrida por los tenedores de dinero como resultado de la inflación, ha producido un trastocamiento tanto del nivel de vida de la mayoría de los venezolanos quienes para tratar de sobrevivir deben buscar refugio en cualquier tipo de activo que les preserve su poder de compra, al conjugarse el fenómeno especulativo como causa y consecuencia de los altos niveles de precios, como la depauperación de la calidad de vida y la aparición del llamado ¨bachaquerismo¨ como medio de subsistencia y comercialización último. A ello se une la pretensión del gobierno de querer quebrar la voluntad de los ciudadanos a través de métodos cada vez más ineficientes de distribución de bienes y servicios de primera necesidad.

En cuanto al doloroso y perturbador fenómeno de la corrupción ligado a los diferenciales de las tasas de cambio que favorecen a quienes disponen burocráticamente el acceso a divisas baratas, junto con mecanismos de distribución en los circuitos oficiales junto a los intereses privados que reciben un otorgamiento generoso de las escasas divisas han convertido las políticas a favor de la población en una especie de complicidad donde quien termina pagando los platos rotos en el precio final de las mercancías, es el pueblo venezolano.

El fenómeno de la inflación que los gobiernos tratan de evitar para no tener que pagar costos políticos y sociales importantes, se presenta con una cara diferente ante el actual gobierno venezolano, al pretender evadir sus responsabilidades, como en una suerte del ¨yo no fui¨, pero que al final es el pueblo trabajador, el que depende de un ingreso salarial, quien termina pagando costos que le corresponden a la cuenta de otros.

Vaya tremenda ironía, o falta de un poco de ignorancia… y vale la pena preguntarse hasta que nivel de irresponsabilidad llegará este desgobierno con la creación de dinero causado por el gasto que excede los impuestos provocando una gigainflación o un serio déficit de la cuenta corriente…

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