Henrique Capriles: ¡A derrotar a los violentos!

La semana que culmina, y en especial el día 25 de noviembre, será recordada como una de las etapas más oscuras de la actual contienda electoral.

El asesinato de Luis Manuel Díaz, secretario general de Acción Democrática en Altagracia de Orituco, es una demostración del primitivismo político que anida en esa cúpula corrupta que padece nuestra querida Venezuela.

Reiteramos nuestras palabras de condolencia y solidaridad con la familia de Luis Manuel Díaz, que hago extensivas a todo el pueblo venezolano que mayoritariamente condena la violencia y repudia la indignidad de estos personajes que han pretendido adueñarse del ideario bolivariano, pero ni por asomo recuerdan que fue el Libertador quien sentenció que “la violencia es el arma de los que no tienen razón”.

Nuestro país quiere y necesita paz. Nuestro pueblo quiere mejorar sus condiciones de vida, exige oportunidades para que sus hijos progresen, nuestra gente quiere salir de esta crisis generada por un modelo económico que sembró la desolación en el campo, que arrasó con las industrias y lanzó a los trabajadores a la economía del rebusque. Nuestro pueblo ya sentenció que quiere un cambio de rumbo, y esa decisión no podrá ser torcida por unos corruptos que quieren seguir embolsillándose el país como sea.

Que no se crea Nicolás Cabello que los hombres y mujeres que luchamos por el cambio nos vamos a esconder. ¡Qué equivocados están! El compromiso de la Unidad está con el pueblo venezolano, que acudirá masivamente, en apenas una semana, a manifestarse en contra del continuismo y en favor del cambio, para llevar a la Asamblea Nacional a diputados que tendrán como eje de su gestión la agenda social, porque trabajarán por el pueblo y para el pueblo.

Los venezolanos queremos recuperar nuestro orgullo, que estos han pisoteado. El pueblo de Caracas, de San Cristóbal, de Cumaná o de Ciudad Bolívar, ansía que Venezuela vuelva a ser ese país que se esforzaba por mejorar su producción para dar comida a toda su población, donde se respetaba y promovía la iniciativa privada y donde recibir un beneficio social por parte del gobierno no estaba sujeto a ser partidario de una tolda política, como ocurre ahora con el Psuv.

Hoy día, luego de años de un modelo centralista y estatista, de un discurso agresivo y soez, de piratería en la formulación y ejecución de las políticas económicas y sociales –sin mencionar las guapetonerías en la política internacional-, Venezuela está en medio de la mayor crisis de toda su historia.

Tal es su fracaso que Nicolás Cabello ordenó que se ocultara la evidencia estadística y no se informara al país como están los números del Banco Central y del Instituto Nacional de Estadísticas. ¡Otra equivocación más!

Instituciones sociales de trayectoria, así como organismos internacionales, apuntan que este año cerraremos con una inflación de 200% y más, la más alta del planeta. Durante el último año, de esta terrible circunstancia que ha sido este gobierno en la vida de nuestra Venezuela, los hogares en situación de pobreza aumentaron en 53%. Mientras la cúpula gobernante y sus enchufados engordaron cuentas bancarias en el exterior, mientras los familiares del entorno palaciego registraban empresas de maletín en paraísos fiscales, la pobreza en Venezuela se duplicó: la mitad de los No Pobres de 2014 pasaron a ser Pobres en 2015, mientras que todos los Pobres No extremos de 2014 pasaron a ser Pobres Extremos este año.

¿Cuántos trabajadores tienen para comprar una canasta de alimentos que cuesta 9,4 salarios mínimos? ¿Cómo puede una familia costear sus alimentos y demás necesidades con una canasta básica que exige el desembolso de 15 salarios mínimos? Cuando el pueblo puede conseguir los alimentos y productos, después de lidiar con una cola por horas, se siente en el bolsillo su empobrecimiento.

¿Cómo puede llamarse “obrerista” un gobierno que destruyó el poder adquisitivo del bolívar, que demolió la moneda nacional y empobreció el país? Este gobierno tiene el triste récord de incrementar la pobreza estructural al haber duplicado el hacinamiento en la familia venezolana y aumentar en 10,33% la residencia en viviendas de latón, en medio de la mayor bonanza petrolera que haya tenido Venezuela. ¿A dónde fueron a parar las milmillonarias cifras para la construcción de viviendas? ¿Dónde están los millones de apartamentos que presuntamente se construyeron?

Para el día de hoy, a 7 días de las elecciones parlamentarias, el gobiernito regala a manos llenas y ofrece villas y castillos, con la ilusa pretensión de modificar la decisión de cambio que recorre el país. ¡Amor con hambre no dura! Y los 23 millones de venezolanos que en este momento no perciben ingresos suficientes para satisfacer las necesidades de alimentación ya no creen en cuentos chinos.

El empobrecimiento y la inseguridad, los dos principales problemas que refieren los venezolanos, le pasarán factura a Nicolás Cabello.

A partir de enero de 2016, por decisión mayoritaria de los venezolanos, acompañaremos  a los hombres y mujeres que asumirán las riendas del parlamento, para comenzar a reorientar la vida de nuestra Venezuela con la necesaria reformulación de las políticas sociales que deben concentrarse en enfrentar la pobreza, nuestro mayor reto como país, para fortalecer las grandes y múltiples capacidades productivas de esta Tierra de Gracia y para que todos se sientan parte de un proyecto nacional que garantice futuro para todos, sin distinciones y sin amenazas.

El uso de la violencia que el gobierno prodigó está semana no ha hecho más que darle más razones a nuestro pueblo para salir a votar el 6 de diciembre. Hagan lo que hagan, ni con regalos ni con tiros, el gobierno podrá cambiar la voluntad de los venezolanos que se expresarán ¡en cambote! el próximo domingo.

¡Vamos todos, falta poco para derrotar con nuestros votos a este gobierno hambreador y violento! ¡Dios bendiga a nuestra Venezuela!

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