Tachirenses conocen el “rostro del hambre”

“A la gente se le ve un semblante amarillento, el rostro desencajado y aunque muchos no lo dicen lleno de arrugas, con la cara larga porque se pierde peso a diario”.

Por Augusto Medina / La Nación Web

“He visto caras de amargura, tristeza porque es que el hambre es por bultos , yo pesaba 65 kilos y he rebajado 15 kilos que a mi edad es mucho, no me lo creerás pero hasta barriga tenía y esa se perdió”.

“Yo pesaba 110 kilos y estoy en 78 con tendencia a la baja”, dijo Andrés Contreras. “Mi peso era de 65 kilos y estoy en 50”, afirmó José Duarte. “Estaba pesando 45 kilos y estoy en 37”, dijo Andrea Rodríguez”. Mi peso era de 144 kilos y estoy en 98, alarmado porque sigo bajando sin habérmelo propuesto”, dijo Edicxon Belandria, quien señala que a la correa ya no le cabe otro hueco más.

En una simple encuesta, solo preguntando si habían bajado de peso, las respuestas fueron coincidentes: “Estamos bajando de peso porque no nos estamos alimentando, no hay proteína, solo le echamos a la barriga lo que conseguimos que es en su mayoría harinas”, señaló Marco Antonio Sayago, quien afirmó que a sus 70 años le preocupa cómo a diario baja de peso pues de sus 55 kilos solo quedan 40.

“El pueblo le está viendo el rostro al hambre”, confesó de manera directa y dramática el dirigente vecinal Virgilio Vanegas: “La gente no tiene como alimentarse, la verdura que era lo que aliviaba está carísima, nadie puede comprar frutas y como complemento el precio de la carne alcanzó los 800 mil bolívares el kilo, el pollo 600 mil y el pescado también por las nubes, eso es lo que nos ha heredado este Gobierno: hambre y desesperanza, por eso le ves a la gente un semblante amarillento, el rostro desencajado y aunque muchos no lo dicen lleno de arrugas, con la cara larga porque se pierde peso a diario”.

“Hambre por bulto”

Norberto Bandera, productor del campo, aseguró que se la ha visto “peluda, hay hambre por todos lados, vivo en Zorca San Isidro y gracias a Dios tengo un conuco donde cosecho verduras que ayudan pero tengo que decir que he visto caras de amargura, tristeza, porque es que el hambre es por bultos, yo pesaba 65 kilos y he rebajado 15 kilos que a mi edad es mucho, no me lo creerás pero hasta barriga tenía y esa se perdió”.

Recordó que el problema viene de mucho tiempo atrás, “antes botábamos la comida y de un día para otro, se nos dañaba un equipo electrodoméstico y no lo arreglábamos porque había plata para comprar otro nuevo y ahora estamos pagando esa penitencia”.

“En el Táchira hay alternativas”

El hambre, a juicio del señor Contreras, está regada por todo el país. “Aquí en el Táchira hay más alternativas por la condición de frontera y de una u otra forma la gente va a Cúcuta y compra arroz, harina y otras cositas para comer, el problema está en que no estamos teniendo una buena alimentación porque se acabaron las proteínas con los altos costos, yo pesaba 110 kilos y estoy en 78, todo porque no puedo hacer una buena alimentación”.

Esperanza Contreras, a sus 49 años, dijo estar muy preocupada: “No me hagas fotos porque me da mucha pena de cómo tengo el rostro, la gente que tiene tiempo sin verme me pregunta por qué estoy tan flaca -pregunta que creo es estúpida porque todo el mundo sabe por qué hay tanta gente bajando de peso, si no estamos comiendo bien, estaba pesando 65 kilos que me tenían un cuerpo bonito rellenito y ahora, ¡mira aquí! –enseñó algo de su estómago-, lo que hay es pura garra, cuero, porque se me fue la carnecita que tenía”, acotó, en tono jocoso.

“La correa no aguanta más huecos”

Edicxon Belandria, conocido dirigente de la economía informal, hizo su relato mostrando la correa de su pantalón: “¡Mira que ya la correa no aguanta otro hueco!, tenía de talla en pantalón 44 y ahora uso 36 en camisa era ‘2xL’ y estoy en ‘L’, pesaba 144 kilos y quedé en 98 con tenencia a la baja, lo que me tiene altamente preocupado porque sé que he perdido eso es por la falta de una adecuada alimentación, no tenemos para nada proteínas y los altos y especulativos precios de los productos nos mantienen en un permanente estrés”.

José Lindarte dijo que bajó casi 15 kilos en dos meses: “Ese refrán de que hay que amarrarse la correa ya no es necesario porque cada día hay que abrirle un nuevo hueco, ya que de lo contario se nos caen los pantalones, porque lo que estamos es pasando hambre pura”.

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