“Por qué irme fue la mejor decision”, el relato de un venezolano en el exterior

El venezolano Álvaro Saburido publicó en su blog digital, un relato de su experiencia al emigrar de Venezuela, así como aprendió a valorar los detalles cotidianos que vivía en el país.

 

A continuación el texto:

 

Todos conocemos la gran emigración de venezolanos a tierras extrañas buscando una nueva oportunidad, probablemente tu que estás leyendo este texto eres parte de este gran movimiento, o tal vez sigues en Venezuela porque crees fervientemente en un cambio y tienes esperanza en que pronto las cosas mejorarán, entonces este artículo les pertenece a ambos.

 

La nueva rivalidad yace peligrosamente tratando de imitar sádicamente la esencia de un Leones – Magallanes, de un Caracas – Táchira sin contar con el Fairplay que representa una enemistad deportiva: estamos hablando de una reciente guerra entre “Los que nos fuimos” contra “Los que se quedaron”. Y porque esto es lo peor que le podemos hacer a nuestro gentilicio.

 

Irme de mi país fue la mejor decisión que he hecho en mi vida, ha sido la oportunidad de madurar fuera del nido, de vérmelas solo contra este gordito codicioso que llamamos mundo, de resolver mis problemas fuera del abrigo familiar, de los cuidados de mi madre, de la protección financiera que emanaba dinero infinitamente sin intención de recibirlo de vuelta. También me demostró lo unidos que somos los venezolanos que nos encontramos solos en el mundo y que tu nueva familia puede ser esa persona con la que nunca tuviste contacto, pero que estuvo pendiente de ti cuando tus mejores amigos no lo hicieron.

 

Irme me permitió conocer nuevas culturas, hablar idiomas que nunca pensé saldrían de mi boca, tener jefes franceses, belgas, holandeses, acostumbrados a la perfección, inmunes a cualquier excusa que nos hubiese librado dentro de nuestra viveza criolla.

 

Irme me permitió tener amigos de todas las nacionalidades posibles, compartir lo bonito que es decir “Que vaina tan buena” y poder explicarles con orgullo que usamos “vaina” para cualquier cosa, mientras ellos te dan de vuelta un montón de costumbres, comidas y experiencias que nutren tu persona, que te abren los ojos a lo pequeño que somos frente al mundo.

 

Irme me permitió besar labios extraños, besos franceses, besos con sabor a cereza, besos con sabor a cigarro después de unas cañas en un bar, piel con diferentes aromas, rechazos en idiomas que desconozco, amores a kilómetros de distancia.

 

Irme también me enseñó a estar solo, a reflexionar, a sentarme en el metro y pensar las cosas, fríamente, a cocinar, a buscar ese plato que repites tres veces por semana porque te encanta, a utilizar una lavadora y perder las medias en el camino.

 

Irme me hizo apreciar las pequeñas cosas, las arepas, las empanadas, la comida de mi país, el otro un amigo llegó al apartamento y me trajo un regalo, al ver que era Frescolita se me iluminó el rostro. Cada vez que nos reunimos para hacer un desayuno criollo representa lo mucho que nos gusta lo nuestro, las ganas de exportar nuestras costumbres y compartirlas con nuestros amigos de otras nacionalidades.

 

Aun así reiteradas veces he sido juzgado por haberme dado por “vencido”, haber “abandonado” mi país, condenado bajo el título de “Cobarde” al puro estilo de “Matareyes” de Jaime Lannister, cuando las condiciones bajo las cuáles se desenvolvieron los hechos son desconocidas para la mayoría de personas que critican. La única verdad es que al igual que muchos, yo estaba sumamente deprimido en Caracas, día a día veía mi futuro frustrado, rodeado de malas noticias, de injusticias, de atropellos, fue una decisión personal, y al igual que la decisión de muchos de quedarse en Venezuela a luchar, porque sienten sinceramente que nuestro país todavía tiene oportunidades, tiene que ser respetada tanto como mi decisión de irme.

 

Ahora piensa que Chávez nunca se hubiese corrompido, que Venezuela no vivió esa división social tan profunda, que el odio que hoy no deja ser amigos al cabeza de barrio con el sifrino del Este nunca tuvo como nacer, que todavía hay productos en las alacenas, que no es necesario hacer cola mendigando por una ala de pollo, que el luto ya no es perenne, que ya no hay necesidad de unir el Cementerio del Sur con el Cementerio del Este con flores que nos acerquen… un joven siempre debería salir de su país por un tiempo y conocer el mundo, e independientemente de las circunstancias políticas, sociales, económicas, que me llevaron a hacerlo, probablemente hubiese tomado Maiquetía de todas maneras. Quién sabe, tal vez nunca conocer algo más allá de nuestra burbuja de papel es lo que nos mantiene hundidos en la miseria mental que padecemos.

 

Quiero que todos los que hayan llegado hasta aquí compartan su experiencia personal en los comentarios, tanto como si viven en Venezuela o en el exterior, debatir siempre es importante y conocer el otro lado de una situación nunca fue tan importante para nosotros como ahora.

 

Atentamente, un venezolano fuera de su patria.

 

Álvaro Saburido

 

Fuente: Diario de Caracas

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