La comunidad indígena del Delta del Orinoco está muriendo de SIDA

El día que monseñor Felipe González le pidió a los habitantes de San Francisco de Guayo –un poblado indígena localizado en el Delta del Orinoco, al extremo nororiental de Venezuela– que describieran lo que la gente sentía antes de morir, todos comenzaron a nombrar: diaraya (fiebre), sojo (diarrea), botukataya (pérdida de peso), botobotoya (debilidad), ataearakateobo (mareos). Ninguno mencionó la enfermedad que engloba todos esos síntomas.

El Espectador

“Señores ustedes están muriendo de SIDA”, sentenció el sacerdote. En San Francisco de Guayo, como en otras comunidades de los caños cercanos, muchos indígenas de la etnia Warao no llaman al VIH-sida por su nombre sino por los síntomas que experimentan.

Luis José Rodríguez, médico de la zona, ha tenido que dar explicaciones similares a las del sacerdote. Ya que los indígenas Warao sólo advierten la fulminante presencia de la enfermedad cuando el cuerpo comienza a descomponerse. Rodríguez, tiene muy presente el episodio porque recientemente le dio la noticia a una paciente de Jeukubaca, otra comunidad del municipio Antonio Díaz en Delta Amacuro. “Lo tomó como si nada”, recuerda. “Le pregunté: ‘¿sabes lo que es el VIH-sida?’. Y me dijo: “No, no sé”. Al revisar la historia de esta paciente encontraron que su anterior esposo había muerto de VIH.

San Francisco de Guayo forma parte de las más de 365 comunidades asentadas en el municipio Antonio Díaz, el más grande de los cuatro que integran el estado Delta Amacuro – uno de los territorios de origen de dicha etnia- y una de las ocho comunidades donde realizaron las pruebas pilotos.

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