El precio de ser colombiano y vivir en Venezuela (Infografía)

Los colombianos son los sospechosos habituales del Gobierno de Venezuela. Se les achaca, sin mayor contemplación, la responsabilidad de cualquier hecho que afecte al país en materia de seguridad, abastecimiento, violencia, inflación, estabilidad política, entre otros.

El presidente Nicolás Maduro, ha sido quien ha puesto más empeño en señalar a los nacidos en el país vecino de paramilitares, sicarios, magnicidas, desestabilizadores y bachaqueros. Sin embargo, funcionarios como Gustavo González López, ministro de Interior, Justicia y Paz, y Elías Jaua, ministro de Comunas.

Esta actitud de rechazo y cuestionamiento a los colombianos se contradice con lo que había sido la política de chavismo frente a los vecinos. En 2004, más 200 mil extranjeros fueron naturalizados por el gobierno de Hugo Chávez, durante los meses previos al referéndum revocatorio al que fue sometido el líder en agosto de ese año.

La mayoría eran colombianos. La misma cantidad de personas ingresa anualmente a Venezuela desde Colombia, según explicó el defensor del Pueblo, Tarek William Saab, en mayo de 2015. Un estudio realizado en el año 2007 por la ONG Asociación de Colombianos en Venezuela revela que no existe un solo municipio de Venezuela sin presencia de nacidos en el país vecino.

Según Juan Carlos Tanus, presidente de la Asociación de Colombianos en Venezuela, cinco millones de colombianos han construido su vida en el país. En los 18 meses que tiene Nicolás Maduro en el poder los ataques verbales o medidas en contra de estos ciudadanos han sido la constante.

Desde abril de 2013 hasta el martes 11 de agosto de 2015, el oficialismo ha señalado al menos en 24 ocasiones a los colombianos. Solo en tres oportunidades el Gobierno de este país —por medio de su presidente, Juan Manuel Santos, y su canciller, María Ángela Holguín— ha alzado su voz para exigir respeto a sus compatriotas en Venezuela.

Las expresiones radicalmente nacionalistas son contrarias a la integración de las culturas que llevan los extranjeros, como su maleta, a cualquier país. “Quienes hoy defienden a su nación, sobre los procesos de integración regional, lógicamente están demandando mayores procesos xenofóbicos”, explica Juan Carlos Tanus. El presidente de la ONG de colombianos en Venezuela asegura que ni el Estado, ni el gobierno de Maduro han asumido plenamente la tarea de hacer entender a la sociedad el proceso de la multiculturalidad. “El mejor momento de la integración fue en 2004, con el presidente Chávez. El decreto 2823, permitió la visibilización de la población migrante”, asegura.

El precio de ser extranjero en Venezuela

Frente al consulado de Colombia en Venezuela, ubicada en Chacaíto, una pregonera vende la edición de junio del periódico Tribuna Colombiana. Explica que no han podido imprimir una nueva edición por falta de divisas para adquirir papel. Muchos de los artículos llaman a los integrantes de la comunidad a regularizar su estatus legal en Venezuela. La Asociación de Colombianos estima que en el país residen, irregularmente, más de 950 mil extranjeros.  

Rosa Restrepo tiene 22 años, nació en Colombia pero llegó a Venezuela, junto a su madre, cuando aún no sabía decir su nombre. Su mamá y ella fueron favorecidas con la naturalización masiva declarada por el presidente Chávez hace 11 años. Restrepo se casó y tuvo un hijo con un colombiano. Hoy está en el consulado haciendo trámites para enviar a su hijo a estudiar del otro lado de la frontera. Asegura haber tomado esa decisión porque en Venezuela “la cosa se puso muy mala”.

“Uno ve al presidente en la televisión diciendo que los colombianos somos esto, o somos aquello, y uno se siente mal, le da rabia. Uno se sube en un autobús, habla con el acento y todo el mundo lo mira feo. No todos (los colombianos) vinimos aquí a hacer daño”, defiende.

Antonio Durán Chaustre, colombiano, tiene 75 años y a los 18 años se enamoró de una venezolana.Tres de sus hijos son colombianos y dos son venezolanos. Trabajó como constructor de carreteras venezolanas durante más de 20 años y hoy día sufre los mismos problemas de cualquier criollo. “Uno hace la cola de horas en el Mercal y cuando llega, ya se acabó la carne. Yo me quedo aterrado, porque todo se lo llevan los bachaqueros. Y esos son venezolanos”, explica Durán.

Tanus, de la Asociación de Colombianos en Venezuela, admite que a los colombianos se les impide adquirir productos en la red pública de supermercados cuando muestran la cédula amarilla o el pasaporte. Un reportaje de enero de 2015 del diario La Verdad y otro de junio del mismo año, publicado en El Nacional dan cuenta de cómo a lo largo del país se ponen trabas, en este sentido, a los extranjeros.

Las deportaciones y los guettos

El acoso contra la comunidad colombiana y la falta de sistemas eficientes para verificar el estatus legal de los extranjeros dan pie a un fenómeno en auge: la deportación masiva. La exdiputada María Corina Machado aseguró que, desde enero hasta abril de 2015, mil colombianos habían sido deportados a su país. La Asociación de Colombianos en Venezuela habla de nueve mil en diez meses, contados desde octubre de 2014. Solo en el marco de la Operación de Liberación del Pueblo en la Cota 905 fueron deportadas 13 personas, entre ellas una mujer y dos menores de edad, sin que mediara algún argumento.

Tanus detalla que la asociación que dirige, incluso, se ha enfrentado a casos en los que tanto el padre, como la madre de una familia son deportados y sus hijos quedan sin familiares adultos que puedan cuidarlos. “La mayoría del personal que detiene forma parte de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y no tiene capacitación en derechos humanos”, reclama.

Sin embargo, el experto en migración descarta que la deportación sea una medida efectiva. “Así deportes a la población colombiana que está aquí, esa no se va a ir. Tardamos más haciendo el proceso para deportarla que en el reingreso al país. La migración puede intensificarse, pero el colombiano pobre que ha identificado que esa tierra es del estado y la puede se viene sin pensarlo”, explica.

Como en el caso del sector La Esperanza en la Cota 905 o algunas zonas del barrio José Félix Ribas, en Petare, los colombianos se han ido agrupando en guettos o sectores en los que “es raro conseguir a un venezolano”, según explica Tanus.

Los “antivalores” y la responsabilidad de Colombia

“Esta sociedad ya determinó que el paramilitarismo es colombiano, que el sicariato es colombiano, que el bachaqueo es colombiano. La sociedad colombiana tiene conductas atípicas que no se desarrollan en la sociedad venezolana, la sociedad venezolana no es perfecta, pero la sociedad colombiana ha enfrentado 60 años de conflicto bélico”, sentencia Juan Carlos Tanus al ser consultado sobre la vinculación de colombianos en los problemas venezolanos.

Una familia colombiana en Venezuela acude, en promedio, 11 veces al año al Sistema Público Nacional de Salud, según estudios de la Asociación de Colombianos. Los descendientes de extranjeros no tienen mayor dificultad en integrarse al sistema educativo público. “El gobierno colombiano no debería permitir que salga un ciudadano de sus fronteras sin tener al menos un pasaporte. Así los tienen en estadística allá pero son atendidos socialmente aquí. Tenemos problemas en nuestro país, porque somos muchos, y venimos a abollar más el problema de Venezuela”, lamenta.

Adriana Núñez Moros | @AdrianitaN/Runrunes

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