El misterio de los niños extraviados en el deslave de Vargas

Las pistas de 119 infantes desaparecidos en el deslave del litoral central, ocurrido en diciembre de 1999, se borraron con el tiempo. Hoy, a 16 años del aniversario de este desastre natural, continúa el enigma sobre sus destinos tras la tragedia

Es un  misterio. Ninguno de los 119 niños extraviados en la tragedia del estado Vargas, acaecida a mediados de diciembre de 1999, regresó a sus hogares. De sus paraderos no quedan pistas, aunque algunos de ellos fueron vistos supuestamente en escuelas, calles, fotos e, incluso, aparecían en listados de rescatados. Si alguna vez surgieron indicios que condujeron a investigaciones en el Ministerio Público, ya cualquier averiguación está sepultada entre archivos.

Angely Nunes de Gouveia tenía 10 años de edad cuando desapareció. Estaba con una tía en Carmen de Uria en el litoral central, mientras el resto de su familia se hallaba en su casa en la ciudad de Valencia, en Carabobo. Su madre, Lucinda Nunes, había conversado con ella por teléfono unas horas antes de que las aguas enterraran el pueblo donde se encontraba de visita.  Después de ese episodio solo hubo angustias en esta familia de origen portugués.

La primera pista de que esta niña pudo sobrevivir a la tragedia estaba en una grabación de televisión del 2000. Su madre aseguró  verla con otros infantes extraviados en Vargas, al lado de Marisabel Rodríguez, primera dama de Venezuela y presidenta de la Fundación del Niño en ese momento, durante una alocución. Aunque acudieron a la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel) para pedir copia de este vídeo, no obtuvieron ningún respaldo.

Su mamá viajó a Portugal en 2001, allí encontró a Chávez que estaba en una gira presidencial. Se zafó los cordones de seguridad para alcanzar al jefe de Estado y suplicarle que intercediera en la búsqueda de su hija. Tras meses de diligencias para conocer el paradero de Angely, una niña muy parecida a ella y extraviada en Catia La Mar fue hallada en un puesto de comandancia de la Guardia Nacional de Vargas. Se hicieron pruebas de ADN para comprobar si había parentesco entre los Nunes Gouveia y esta pequeña, pero el resultado fue negativo.

Esta sería la primera vez que Lucinda vería a su hija en otros rostros. Hace cuatro años, esta mujer afirmó encontrar a Angely a través de Facebook. Se llamaba Carla Ures, estaba en una casa hogar y supuestamente había perdido la memoria. Físicamente era muy parecida a Angely: blanca, cejas pobladas, hoyuelos en las mejillas, cabello espeso y negro azabache, ojos de medialuna. Solo le faltaba una cicatriz, producto de una quemadura, en la mano. Además de ese detalle, las pruebas de ADN arrojarían que otra vez hubo una confusión. La lista de 119 niños declarados desaparecidos en Vargas continuaría intacta, sus destinos seguían siendo un misterio.

La supuesta aparición de Angely, además de resultar llamativa para la prensa, despertó la esperanza de los familiares del resto de los infantes extraviados en Vargas. Algunas de estas personas aseguraron contar con indicios de que estos niños sobrevivieron al desastre del litoral central: fotografías tomadas tras su desaparición, testimonios de que los vieron en el país, sus nombres estaban en los listados de rescatados, rastros que quedaron registrados en los expedientes policiales y de averiguaciones propias.

Había dudas con respecto a la forma en que se practicaron los rescates y en que se hicieron las entregas de los niños a los albergues temporales. Según autoridades relacionadas con el salvamento de los sobrevivientes de Vargas, el Estado venezolano no estaba preparado para una calamidad como el deslave de 1999. Al rescate de los sobrevivientes se avocaron funcionarios de Defensa Civil, bomberos, guardias nacionales, así como voluntarios venezolanos y extranjeros que en muchos casos no contaban con la preparación requerida para ese tipo de desastre natural.

¿Muertos o vivos?

Hubo sospechas de tráfico de niños. Luzmila Moy declaró a la prensa, meses después de la tragedia, que una de sus hijas, Aniluz, de 5 años de edad en ese momento, había parado en manos de una pareja norteamericana. Pero Marisol Moreno, presidenta de la Corte Superior del Tribunal de Protección del Niño y del Adolescente de Caracas, saldría al ruedo a las denuncias de supuestas desapariciones de infantes en los albergues.“No corresponden con la realidad las denuncias de niños rescatados presuntamente entregados en adopciones temporales”, dijo a los medios de comunicación en el 2000. 

Pero no se tiene certeza de que todos los niños denunciados como extraviados hayan sobrevivido al deslave. Aunque en esta tragedia no hay cifras oficiales, se calcula que en Vargas pudieron morir entre 15.000 y 50.000 personas de acuerdo con las declaraciones de varias autoridades de salvamento y gubernamentales. A las principales medicaturas forenses del país llegaron 521 restos óseos: 231 de estos fueron identificados y 290 no fueron reconocidos, según una investigación del antropólogo Rogelio Áltez. Sin embargo, los familiares de los niños desaparecidos no pierden esperanzas de hallarlos vivos, todavía esperan alguna señal sobre sus paraderos.

El Estímulo

Compártelo: