Cobro de vacunas azota a comerciantes de “El Cementerio”

Un trozo de papel blanco con un número de teléfono celular anotado es el canal que utilizan los delincuentes en la Sexta Transversal de la urbanización Los Castaños de El Cementerio, en el sur de Caracas, para contactar a los comerciantes de la zona y exigirles el pago de vacunas semanales. Esa situación la han vivido algunos propietarios que, con temor, han aceptado la extorsión. Sin embargo, entre los que se resisten unos abren sus negocios intermitentemente y otros han optado por bajar las santamarías e irse de la zona, reseñó El Nacional.

Por Angélica Lugo

En ese sector popular de la antigua parroquia Santa Rosalía, la actividad comercial ha disminuido desde febrero de este año. Lo que hace meses era una cuadra con varios establecimientos, en la actualidad solo funcionan una peluquería, una licorería y una venta de aceites para vehículos. De los cyber que había apenas uno abre ocasionalmente; sus dueños no han decidido aún bajar la santamaría. Y es que a partir de aquel mes las bandas delictivas que, aseguran, están asentadas en los barrios Primero de Mayo y en Los Sin Techo empezaron a cobrarles a los comerciantes 5.000 bolívares todos los viernes; es decir, 20.000 bolívares mensuales por cada establecimiento.

“En febrero un joven llegó al negocio con el papel a decirme que desde los barrios de arriba querían hablar conmigo. Como ya sabíamos que están cobrando vacunas decidimos cerrar el negocio e irnos de la zona porque claro está que una vez que te extorsionan si no pagas, te matan. Luego, con un funcionario policial que rastreó ese número de teléfono se comprobó que el dueño del móvil vive en El Valle, y desde inicios del año los delincuentes de aquí están aliados con los de esa parroquia y con los de la Cota 905”, contó una persona afectada.

En la entrada de la Sexta Transversal de Los Castaños aún está operativa la licorería Zona Fría, local en el que vecinos han presenciado cómo los delincuentes, con armas en mano, van los viernes a cobrar la vacuna. Al lado de ese negocio la realidad es distinta. Una charcutería que por años funcionó en el lugar tiene más de un mes cerrada. Lo mismo ocurre en ese sector con un restaurante que vendía empanadas y almuerzos, y con dos bodegas más.

Los cuerpos de seguridad destacados en El Cementerio son la Policía Nacional Bolivariana y la Policía de Caracas. Sin embargo, los funcionarios han reducido drásticamente sus operaciones de vigilancia ante la fuerza que han adquirido las bandas aliadas en esa zona.

Vigilancia y organización. Un hombre de aproximadamente 33 años de edad hace las funciones de “garitero” en la entrada de la urbanización Los Castaños de El Cementerio. Una motocicleta, un chaleco fluorescente anaranjado de mototaxista y un teléfono celular, desde el que envía mensajes para alertar a sus pares de la presencia de funcionarios y de personas extrañas, son sus herramientas para ejercer sus funciones en la organización criminal que opera en conjunto con otras bandas de El Valle, la Cota 905 y de La Vega.

La logística de los delincuentes en ese sector de El Cementerio se ha perfeccionado con los años. Usan radios portátiles, controlan las unidades de transporte de las rutas troncales y desde el primer trimestre de este año se desplazan por las partes altas de la Cota 905, La Vega y de El Valle luego de que concretaron un pacto de no agresión entre delincuentes para evitar el ingreso de funcionarios, entre otros aspectos.

El martes pasado, en una visita a la urbanización Los Castaños, El Nacional escuchó en el interior de un establecimiento que cerró para evitar la extorsión cómo los delincuentes se comunican a través de radios portátiles por medio de la frecuencia 21. Eran las 3:30 pm cuando uno de los delincuentes pedía comunicarse con unos pares en La Vega. Minutos después, uno de ellos discutió con un funcionario policial que también tiene alcance a esa frecuencia.

El comerciante afectado dijo que el radio portátil que anteriormente utilizaba como medida de seguridad en su negocio en la actualidad le permite definir su rutina en la zona de acuerdo con las actividades de los delincuentes: “Por aquí escuchamos cuando se van a concentrar para recorrer la zona en motos, nos enteramos cuándo llegan delincuentes de otros barrios o les piden que lleguen, y también sabemos cuándo llega la policía, porque les dicen ‘perras’ y cuando eso pasa el barrio se alborota porque no les permiten ingresar”.

 

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