“Aquí en Guanta no pasó algo peor, porque Dios tuvo piedad”

El lunes, la asistencia masiva a la presentación del cantante colombiano Maluma en Guanta desató una “ola de violencia” de la que todavía se comenta en las calles de la jurisdicción. Así lo reseña eltiempo.com.ve / Arianna De Sousa

A las 3:00 pm de ese día, la cola para ingresar al Jesús Rizales, ya lleno de personas, terminaba en la sede de la alcaldía portuaria (unas cinco calles).

Los vecinos de La Sequia, al lado de La Montañita, donde está el estadio, no se identifican, pues dicen estar amenazados.

Cerca de las 8:00 de la noche se originó el primer estallido, según el relato de estas personas que se convirtieron en testigos obligados con tan sólo salir a las puertas de sus residencias.

“El público estaba deseoso de entrar al concierto y los policías tenían orden de que más nadie ingresara. A la 1:00 de la mañana fue el segundo acto violento”.

Una batalla campal 

“Eso fue horrible, la gente quebró el vidrio de mi ventana intentando respirar”, narró una señora que aún conserva perdigones que llegaron hasta el frente de su vivienda.

“Militares y policías disparaban, golpeaban brutalmente a la gente, hubo muchísimos heridos. Eso se les escapó de las manos”, añadió con tristeza.

Otra mujer contó cómo su porche se llenó de botellas rotas y personas heridas, al parecer, víctimas del encontronazo entre efectivos y civiles.

“Se les salió de control. Todos, vecinos y público, padecimos mucho. Nosotros tuvimos que salir por detrás de la casa porque la situación me agobió”, afirmó una sexagenaria habitante del sector.

Añadió que encima de su aire acondicionado montaron a un niño que no podía respirar, y que tuvo que asegurar la puerta principal de su vivienda, bloqueándola con sus muebles. “Estuvieron a punto de romperla. Vivimos momentos terribles”, relató ayer en la tarde, aún exaltada.

“El alcalde (Jhonnathan Marín) no puede decir que no pasó nada. No se puede tapar la realidad seas del partido que seas. Nosotros vimos cómo la Guardia Nacional y la policía arremetieron contra toda esa gente”.

Ella y su esposo tienen 17 años en el sector y aseveraron que es la primera vez que “sufren” algo así.

“Aquí no pasó algo peor porque Dios tuvo piedad de este pueblo”.

El miércoles, algunas calles de La Sequia y La Montañita presentaban la cara de los carnavales.

Olor a orina en las aceras, perdigones percutados, zarcillos, cadenitas y hasta zapatos permanecían, pese al trabajo de cuadrillas de limpieza.

 

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