El prontuario de “La bestia del Matadero”, el ex policía que violó a 13 mujeres y aterrorizó a toda una región

Levith Aldemar Rúa Rodríguez fue capturado en Barranquilla. Su siniestro historial y su paso por las fuerzas de seguridad. La última víctima fue hallada decapitada

Un ex policía condenado por violación aprovechaba permisos de 72 horas, que le daban por su “buen comportamiento” en prisión, para atacar a más mujeres. Tan pronto como salió en libertad condicional, volvió a embestir. Hasta que encontraron descabezada en un charco a una de sus víctimas. Para entonces, ya sumaban 13.

Infobae tuvo acceso al expediente de Levith Aldemar Rúa Rodríguez, investigado por la Fiscalía Atlántico por la agresión de una joven en enero, en su pueblo natal; la violación de una menor de edad venezolana, a inicios de diciembre; y la desaparición y asesinato de la estudiante Gabriela Andrea Romero Cabarcas, a finales de noviembre.

Previo al caso por el que fue sentenciado en 2010, el hombre de 30 años tenía ya seis registros criminales de delitos sexuales. Y ahora que su cara empezó a salir en portadas de medios, tres mujeres más lo reconocieron y se acercaron a las autoridades a denunciar ataques. Las descripciones y las circunstancias “coinciden“, dijo a Infobae Ángela Bedoya, directora seccional de la Fiscalía General.

Lo apodan La bestia del Matadero. Sus golpes se extienden en varias ciudades del Caribe colombiano, pero se concentran en una guarida hecha con ramas secas en una zona rural a las afueras de Barranquilla, la capital más importante de la región. Queda en una trocha al lado de un matadero de reses, cuyo ruido, olores y visita de aves carroñeras disimulaba sus actividades. Cerca de allí encontraron a Gabriela, flotando.

Las revelaciones

Pedimos pena de muerte, cadena perpetua, castración química para los violadores asesinos“. Luz Divina Cabarcas lleva todo el día protestando y portando en las manos un panty blanco de su hija muerta como símbolo. En la mañana estuvo a las afueras del Centro de Servicios Judiciales de Barranquilla, y en la noche, en la Plaza de la Paz.

Desde la desaparición de Gabriela, el 24 de noviembre, no ha dejado de “hacer bulla“, como ella misma dice. Recorrió medios de comunicación, hizo marchas, plantones. A raíz del caso de su hija se destaparon las historias de La bestia.

Gabriela era una artista. Hacía unas carteleras divinas, unos cosos hermosos“, recuerda. Habla con Infobae entre pitos y pancartas, rodeada de unas 60 personas que la acompañan en un plantón. Muchos son ex compañeros de colegio de Gabriela, otros son miembros de organizaciones civiles que han sumado su voz. “Hacía carteleras de amor. Lo que pidieras lo pintaba a mano. Tenía una sonrisa hermosa. Era bella“.

Gabriela había cumplido 18 años. Era viernes la última vez que la vieron. Ese día no llegó a sus clases de gestión empresarial en el Servicio Nacional de AprendizajeSena.Tampoco regresó a su casa. Chats de Facebook apuntaban a quién podría ser la última persona que la había visto con vida: Levith Rúa. Varias veces la había invitado a salir. Al final, ella accedió a verse con él, ante la promesa de una oferta de trabajo para la temporada de fin de año.

La propuesta era para cuidar niños. “Por las ganas de trabajar. La envolvió totalmente. Yo sé que mi muchacha era muy ingenua. Con las dificultades económicas… y venía diciembre“, dice Luz. Parece faltarle el aire después de todo lo gritado ante los micrófonos.

Ella, de 40 años, ha trabajado como auxiliar de farmacias. Lleva meses desempleada. Su esposo, Harold, de 44, es conductor de grúas en el aeropuerto. Tienen otro hijo, de 16 años. Viven en el barrio Vista Hermosa, de Soledad, un municipio en la periferia de Barranquilla, tejido por vecindarios que han ido brotando y acumulándose con la llegada de desplazados de la violencia. Luz prosigue, luego de una pausa, para despejarse dudas: “Pero no había necesidad de eso. El papá y yo solventamos“.

Gabriela y Levith se habrían encontrado en el centro comercial Metropolitano. Allí pactó la cita, según la conversación. Justo en ese lugar, Levith secuestró a la menor venezolana que se llevó al cambuche y violó, según las denuncias acreditadas por la Fiscalía.Siguiendo las pistas de ese otro caso, descubrieron a Gabriela.

Ella se pintaba los labios de colores. Azul, fucsia, morado, negro. Su madre dice que era única. “No le importaba lo que dijeran“. Su cuerpo estaba en descomposición cuando la hallaron. Los diagnósticos preliminares han descartado una decapitación violenta. Todo indica que la cabeza se desprendió por la posición de la muerte y efecto de animales, dado que llevaba días en una zona pantanosa con algas.

Una pulsera artesanal en la muñeca y una media negra de su uniforme daban señales de quién era. Al final, su familia la identificó. Nadie más que ella tenía ese tatuaje de un gato en el muslo de la pierna izquierda.

Violador en serie

Hunde la quijada cuadrada en el pecho, entre los hombros. Los labios entreabiertos dejan ver los dientes apretados, mientras leen el historial de indicios a sus espaldas en la audiencia de imputación de cargos.

Levith Rúa salió de la cárcel el 5 de mayo de este año (2017). Pasó casi siete años en una prisión de máxima seguridad en Valledupar, conocida como “La tramacúa” por lo grande. Lo habían condenado a más de 12 por “acceso carnal violento“. Se benefició de la ley que otorga libertad condicional a los reos que hayan cumplido las tres quintas partes de su pena, siempre que hayan observado una buena conducta en el penal. Una ley creada para descongestionar las cárceles colombianas, agobiadas por niveles de hacinamiento que exceden un 300 por ciento de su capacidad en algunos casos.

El hecho por el que lo sentenciaron ocurrió en La Loma, un caserío del municipio de El Paso, en el departamento de César, en 2010. La Justicia corroboró que violó a una mujer llamada Marilyn G. La embistió en la línea férrea, a las afueras del centro poblado, a las 3 de la mañana del 13 de mayo.

Solo un mes después, el 23 de junio, atacó de nuevo. Esta vez fue en Valledupar, capital de César. Su víctima, Elizabeth R., tenía un centro de belleza y estética en el barrio 12 de octubreLevith llegó allí a las 4:30 de la tarde armado de un cuchillo. Intentó violarla dentro del spa. La mujer se defendió, luchó. En medio de los forcejeos, tumbaron muebles. Un vendedor callejero que estaba al frente se dio cuenta de lo que sucedía y alertó a la policía. Fue entonces que capturaron a La bestia, en flagrancia.

Aunque lo pusieron tras las rejas, sus embestidas estaban lejos de acabar. Muriel M. es una mujer que visitaba a su hermano, preso en “La tramacúa“. En una de esas visitas tuvo la desgracia de conocer a Levith. En esa época el ex policía empezó a acceder a permisos para salir de la cárcel. Podía irse por 72 horas, con el compromiso de volver a seguir cumpliendo su pena. Entonces empezó a visitarla en su casa. La amenazaba con matarla a ella y a toda su familia si no tenía sexo con él.

Levith gozó de otro de esos permisos el primero de enero de este año. Volvió al hogar de sus padres, en un pueblo del Atlántico. Arremetió contra Karla Andrea Cantillo, hermana de otro patrullero de la Policía. Ella ha contado públicamente su historia. Debió someterse a operaciones para recuperarse de los golpes de La bestia. Le partió la quijada, le desfiguró el rostro. Cuando vio la noticia de su captura, se desmayó.

La joven de 19 años departía con amigas en las fiestas del pueblo, en el estadero Cabaña Club, ubicado al lado de un lote baldío. En un momento necesitó usar el baño. Las filas estaban muy largas. Una amiga le dijo que fueran a un lugar cercano, a donde recurría en momentos así. Era una finca que se había quemado hacía años. Karla se quedó en la puerta, mientras la otra joven orinaba entre los palos negros en un rincón.

Levith Rúa apareció de entre las sombras, a sus espaldas. La agarró por el cuello, la amordazó. “¿Qué estás comiendo que estás tan bonita?“, le preguntó. “¿Quién es, quién es?“, intentaba responder Karla. Él la cogió por los cabellos y la arrastró. “¡Rúa, déjala, deja a mi amiga!“, gritaba la otra mujer. Tomó una tabla y empezó a pegarle. Karlacorrió. La bestia se sacudió, tumbó a Karla en el piso y se le subió encima. Empezó a besarla y a golpearla en la cara. No conseguía bajarle el vestido. La bulla atrajo la atención de un hombre que le gritó. Solo entonces, Levith huyó. Corrió a esconderse en patios cercanos. A Karla le dieron 65 días de incapacidad. Dice que ahora sufre un “shock nervioso” cada vez que un hombre se le acerca.

La última denuncia referenciada en el prontuario de La bestia es la de una venezolana de 17 años, Martina G. a quien abordó el miércoles 13 de diciembre en las afueras del centro Metropolitano en Soledad. Ella estaba en la puerta de una peluquería de su tía, esperando que abriera el negocio. Según su testimonio, el hombre la amenazó con una pistola. La obligó a subirse a un carro y la llevó a su cambuche en el monte, en jurisdicción del municipio de Malambo.

Adentro vio ropa interior femenina y masculina regada en el piso, toallas de tela, toallas sanitarias manchadas, condones, botellas. La mantuvo retenida desde las 9 de la mañana hasta las 2 de la tarde. La violó tres veces. Le hizo sexo oral. La amenazó con un cuchillo. Le robó el celular, y le dio 2.000 pesos para que se volviera a su casa. Martina corrió y corrió, por más de 10 minutos. Sin voltear, como él le dijo. Amenazó con matarla si lo hacía o si contaba algo.

La adolescente tomó un bus. Llegó llorando a casa de su tía. Más tarde, su papá se les unió. Ella les contó todo. Alrededor de las 4 de la tarde estaban en la Fiscalía,interponiendo la denuncia. Exámenes médicos sexológicos confirmaron el ultraje físico y genital sufrido por la denunciante. Corroboraron, también, la presencia de fluidos masculinos dentro de su cuerpo. Tal como ella lo dijo.

Martina describió a su atacante como un moreno de tez clara, robusto. Recordó que tenía un tatuaje de alas en el pecho, y otro con un nombre en el brazo: Mateo. El fiscal 11 de la Unidad de VidaRodrigo Restrepo, recordó esos tatuajes en alguien con quien había hablado hacía unos días. Eran los mismos que le vio a Levith. Cuando lo interrogaron por el caso de Gabriela, le pidió que se quitara la camiseta para ver si tenía rasguños. Y ahí estaban las alas.

El funcionario analizaba ese miércoles el interrogatorio en su computador. La desaparición de Gabriela era una prioridad. Había intrigantes similitudes con la nueva denuncia. Otra joven afectada y otra vez el centro comercial Metropolitano como eje de los hechos. En la pantalla había desplegadas fotos de Levith, en el momento en que la joven venezolana venía de rendir entrevista con la psicóloga. Cuando vio su cara, Martina casi se desmaya. Empezó a gritar: “¡Ese es el que me violó a mí!

Esa misma noche, los agentes del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía le pidieron a Martina que les mostrara el lugar adonde Levith la había llevado. Los acompañó. Entraron con ella a la trocha, cercana al matadero. Todo encajaba. Encontraron la guarida de La bestia en el monte.

Al día siguiente, concentraron sus labores de búsqueda de la estudiante del Sena en la zona. En cuestión de horas dieron con el cuerpo que acababa la incertidumbre de Luz Divina Cabarcas para reemplazarla por una angustia infinita.

Tres veces no

Levith seguía libre, a pesar de que lo habían interrogado como principal sospechoso de la desaparición de Gabriela, una semana antes de que la menor venezolana lo denunciara y del posterior hallazgo del cadáver. Inspectores catearon su vivienda. No tenían nada contra él, más allá de las conversaciones de Facebook. Reconoció que se había encontrado con la estudiante en la plaza de comidas del centro comercial, pero dijo que ella “atravesó la Circunvalar y se marchó“, en declaraciones recogidas por el diario local El Heraldo.

La directora de la Fiscalía seccional, Ángela Bedoya, señala:  “Él mismo acudió muy indignado, a preguntarnos que por qué lo investigábamos. Le recibimos el interrogatorio, pero en ese momento no teníamos más elementos probatorios“.

El panorama cambió cuando se cruzaron los casos. Ahora, varias carpetas de evidencias señalan en dirección a La bestia y hay “inferencia razonable” de su responsabilidad. Por la denuncia de la joven venezolana le imputaron cargos por acceso carnal violento agravado, secuestro simple agravado y hurto. Bedoya señala, además, que lo procesarán por feminicidio por la muerte de Gabriela.

Su perfil es la expresión más cruda de un fenómeno preocupante, que no cede. Los delitos sexuales crecieron en el último año en el Atlántico. A corte 30 de noviembre de 2017 iban 1.175 denuncias; son 54 casos más que los 1.121 de todo el año pasado. Solo se reseñan los ataques reportados por las víctimas. Lo más grave, quizá, es que la mayor cantidad de ataques se registra entre niñas de 0 a 14 años: 405 en el año.

El machismo sigue tan vivo como siempre, cabalgando a lomo de bestias como Levith.

Él nació en Ponedera el 14 de octubre de 1987. Creció en esa población de la banda oriental del Atlántico, a unos 45 minutos de Barranquilla por carretera. De calles destapadas y arenosas y grandes casetas en torno a la plaza, a orillas del río Magdalena.Se llamaba inicialmente San José de Puerto Alegre, pero lo renombraron en honor a las tortugas que llegaban a sus orillas a poner huevos. Allí se han reportado ocho delitos sexuales en lo que va del año. ¿Cuántos habrán sido por su cuenta?

El hijo de Beatriz Rodríguez y Eduardo Rúa solo prestó servicio como policía por dos años, de 2008 a 2010. Lo expulsaron de la institución por las denuncias de violencia sexual. En el último tiempo vivió en el barrio Las Gaviotas, en Soledad. No se le conoce oficio alguno.

Lo capturaron el jueves 14 de diciembre en el centro Metropolitano, donde citaba a sus víctimas. Cuando los agentes lo aprehendieron, dijo que se sentía mal de salud. Se desplomó, como si se hubiera desmayado. Debieron cargarlo y llevarlo a un hospital. Un médico descartó cualquier afección y diagnosticó que estaba en perfectas condiciones. Mediante la artimaña, se rehusó a firmar los papeles.

Sin embargo, el juez dictaminó en la audiencia del viernes 15 de diciembre que su detención fue legal. Lo invitaron a confesar, a colaborar con el sistema penal acusatorio. Son 13 los casos conocidos, pero queda en el aire la pregunta de cuántas mujeres más habrán sufrido los ataques de La bestia y no lo denunciaron por miedo.

Luego de que un fiscal le leyó todo su historial, él levantó la cara y resopló. Clavó una mirada filosa, bajo unas cejas de pezuña, y solo dijo: “No acepto los cargos“, publicó Infobae

(noticiasaldiayalahora.co)