Para los refugiados sirios, ser profesor en Alemania es también un curso de resistencia

profesora siria en Alemania Hend Al Khabbaz

Trabajar en una escuela alemana no es sólo leer y escribir o hacer ejercicios de matemática con los alumnos, para los profesores también implica un gran esfuerzo, cuenta Hend Al Khabbaz, una refugiada siria profesora de inglés que comenzó a dar clases en un colegio con niños refugiados.

AFP

En su alemán aprendido recientemente, Al Khabbaz afirma que “es mejor para los niños pero, ¡mucho trabajo para los profesores!”, cuenta en la escuela Sigmund Jähn de Fürstenwalde, una pequeña localidad lúgubre de la desaparecida RDA comunista, ubicada a 60 kilómetros al este de Berlín.

Para Hend Al Khabbaz, su nueva escuela está a 3.500 kilómetros de Homs, en Siria, donde ejercía como profesora de inglés antes de embarcarse hacia Europa, cruzando el mar en una balsa sobrecargada para llegar hasta Alemania, donde pidió asilo en septiembre de 2015.

De los más de un millón de refugiados que llegaron a Alemania desde entonces, Al Khabbaz fue una de las primeras en ser reclutada por una escuela como profesora asistente.

Antes de ser contratada, esta mujer de 35 años siguió durante un año y medio un curso especial para capacitar a refugiados que fueran profesores. Este programa pionero de la Universidad de Potsdam (este) prepara a los docentes para ejercer en el sistema educativo alemán.

De las 700 candidaturas recibidas en 2016, un 85% fueron de ciudadanos sirios.

“Son personas que tienen buenos estudios universitarios”, explica Miriam Vock, profesora y precursora de esta capacitación. “Queremos darles la oportunidad de poder ejercer de nuevo su trabajo aquí”, afirma.

– Vocabulario específico –

En los pasillos de Fürstenwalde, el timbre corta el recreo e indica el retorno a las aulas. Entre los estudiantes están Yasmin, Zaid y chicos llamados Mohamed, que con sus estuches de colores a la mano escuchan atentos la lección.

“¿Qué está haciendo este hombre?”, pregunta el profesor asistente de un taller de cine donde los estudiantes ven una película.

Mohamed levanta el dedo y contesta: “Él está abriendo la puerta”.

Estos niños de entre 9 y 11 años también son refugiados sirios que siguen los cursos regulares, pero que en algunas asignaturas Hend les ayuda.

“Todavía hay palabras que no comprenden, también puede pasar que el profesor habla muy rápido”, explica la profesora, lista para responder a sus dudas.

“Todavía tienen problemas con el vocabulario específico de biología o de física”, cuenta la directora del colegio, Ines Tesch.

Hend Al Khabbaz también ayuda en las clases de inglés, como lo hacía en Homs.

– Un gran obstáculo –

Yasmin, una niña con una larga trenza, se gira hacia ella y susurra algo en árabe.

“Cuando no se puede de otra forma, los niños se dirigen a ella en su lengua materna”, explica Tesch.

Este apoyo es muy importante para estos niños que están en un país desconocido y que acarrean el pesado trauma de la guerra y el drama del éxodo.

La escuela Sigmund Jähn, nombre del primer cosmonauta de Alemania Oriental, acoge a 350 niños, de los cuales 92 son refugiados y casi la mitad de ellos son sirios.

Hend Al Khabbaz, que todavía lucha con algunas sutilezas del lenguaje, reconoce que tuvo que superar un duro obstáculo para poder volver a ejercer su profesión: aprender alemán.

Una parte importante de la formación en Potsdam fue consagrado a esto. “Es algo muy exigente porque los participantes deben adquirir el nivel de alemán indispensable para enseñar”, reconoce Miriam Vock.

– Un empleo para todos –

De los estudiantes que siguieron el curso en 2017, sólo 12 de los 26 integran un establecimiento escolar. Los otros deberán volver a pasar el examen de alemán.

Otras universidades alemanas se lanzan ahora a la aventura, en un momento en que faltan docentes en algunas regiones.

“Está claro que en algún momento, van a encontrar un empleo en una escuela”, asegura Miriam Vock. Sin embargo, no van a poder acceder al estatuto de funcionarios.

“La mayoría de ellos tienen una licenciatura y sólo imparten una asignatura”, explica Vock que precisa que en Alemania es necesario tener un máster y ser capaz de enseñar dos materias.

En Fürstenwalde, entre la panadería Sputnik y la calle Yuri Gagarin, que rememoran las hazañas espaciales de la Guerra Fría, Hend Al Khabbaz construye su nueva vida, a salvo del rechazo y del racismo.

Aunque “nunca nadie se ha atrevido a decirle algo a la señora Al Khabbaz”, afirma Tesch, la energética directora. “Sé que tendría problemas con algunos padres si ella usara un velo musulmán”, admite.