Los falsos medicamentos, un negocio rentable y mortal en África

África se ha convertido en un centro neurálgico para los traficantes de medicamentos, desde vacunas hasta antirretrovirales, un negocio muy lucrativo pero que provoca centenares de miles de víctimas.

La facturación por productos médicos falsos representa al menos el 10% o 15% del mercado mundial total, según las estimaciones.

Un valor que podría alcanzar hasta 200.000 millones de dólares, según datos del Foro Económico Mundial (WEF), una cifra que se ha multiplicado por tres en los últimos cinco años.

“Para vender medicamentos falsos hay que tener clientela. Y en el continente africano hay muchos más enfermos pobres que en el resto del mundo”, explica a la AFP el profesor francés Marc Gentilini, especialista en enfermedades infecciosas y tropicales y expresidente de la Cruz Roja francesa.

Según él, las vacunas que hace unos años fueron distribuidas en Níger para frenar una epidemia de meningitis —una enfermedad que cada año mata a miles de personas en este país pobre de la región del Sahel— eran falsas.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) apunta por su parte que uno de cada diez medicamentos en el mundo es falso, una cifra que puede alcanzar siete de cada diez en algunos países, en particular africanos.

El tráfico está a veces en manos de responsables corruptos de la sanidad pública, que compran productos falsos a buen precio en China e India, los principales fabricantes, y luego los revenden.

Al menos 100.000 personas mueren cada año en África por utilizar medicamentos falsos, según la OMS.

Sólo en 2013, 122.000 niños de menos de cinco años murieron en los países del África subsahariana por haber tomado medicamentos falsos contra la malaria, según el American Journal of Tropical Medecine and Hygiene.

“Es un doble crimen, sanitario y social, porque matan enfermos y además enfermos pobres”, afirma Gentilini.

Más rentables que la droga

En agosto de 2017, Interpol anunció la incautación de 420 toneladas de productos médicos de contrabando en una macroperación en siete países (Benín, Burkina Faso, Costa de Marfil, Malí, Níger, Nigeria y Togo).

“El negocio de la falsificación de medicamentos es el primero en la lista de los tráficos ilícitos”, explica Geoffroy Bessaud, director de la coordinación antifalsificación del grupo farmacéutico francés Sanofi.

Según el WEF este negocio genera más beneficios que el tráfico de cannabis.

“Una inversión de mil dólares puede general hasta 500.000 dólares, cuando la misma inversión en el tráfico de la heroína o de monedas falsas genera 20.000 dólares”, añade.

“¡Tenemos de todo!”

En mayo de 2017 las autoridades de Costa de Marfil incineraron 40 toneladas de medicamentos falsos incautados en un barrio de Abiyán, donde está instalado el mayor mercado de medicamentos al aire libre del oeste de África y que representa el 30% de ventas de medicamentos en el país.

Al entrar en el “Roxy”, el apodo de este mercado clandestino, lo primero que se oye son a las vendedoras asegurando que tienen “de todo”.

“Muchas personas vienen con sus recetaa médicaa para comprar aquí, también los propietarios de clínicas privadas”, explica Fatim, una vendedora, sentada frente a una enorme palangana llena de productos farmacéuticos.

Aunque se niega a decir de dónde proceden, asegura que las vendedoras tienen un “sindicato” y que se reúnen para “regular” el mercado.

“Los policías nos fastidian pero ellos mismos vienen a comprar medicamentos”, explica Mariam, otra vendedora.

En Costa de Marfil, la primera economía del África francófona, el sector farmacéutico legal sufre cada año pérdidas de entre 40.000 y 50.000 millones de francos CFA (entre 60 y 76 millones de euros), según cifras del Colegio de farmacéuticos del país.

A diferencia del tráfico de estupefacientes, la falsificación de medicamentos está considerada sólo como un delito contra la propiedad intelectual por lo que atrae a muchos traficantes.

Mientras grandes grupos, como Sanofi, luchan contra el fenómeno (27 laboratorios clandestinos desmantelados en 2016), los países pobres no tienen medios suficientes.

AFP

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