Las revelaciones de «Popeye», el sicario de Pablo Escobar

Jhon Jairo Velásquez Vásquez contó detalles de su pasado. El encuentro en la cárcel con los enemigos de su «Patrón«. «En la vida hay una época para matar y para arrepentirse«, señaló.

Jhon Jairo Velásquez Vásquez lleva ya 343 días libre. Es conocido como «Popeye» y se define como «un ex bandido», aunque reconozca que no sabe hacer otra cosa. Pasó la mitad de su vida tras las rejas, como un reo común, sin privilegios. Pero fue, sobre todo, mano derecha y lugarteniente de Pablo Emilio Escobar Gaviria, el capo narco más sangriento de Colombia durante los años 80 y 90. A Jhon Jairo se le contabilizan al menos 300 muertes. Ahora vive en la clandestinidad. De esta forma intenta evitar que alguno quiera cobrarse alguna antigua deuda.

«Estoy cumpliendo con lo que dicta la sociedad, para eso me prepararon las psicólogas del penal. La libertad no es fácil», señaló «Popeye» en una entrevista concedida al programa Los Informantes, de la cadena Caracol.

Velásquez Vásquez tenía 27 años cuando se entregó a la Justicia y cree que ya purgó sus pecados, pero es consciente de que «la sociedad nunca perdona». «Yo no me puedo quitar el rótulo de bandido nunca en la vida», manifestó este hombre que está por lanzar un libro en el cual cuenta su vida. «Soy la memoria histórica del Cartel de Medellín», se definió ante la periodista María Alejandra Cardona, de Caracol.

«En la vida siempre hay unas épocas. Hay una época para matar, una época para arrepentirse, una época para pagar la condena. Esta es la época de cambiar y resarcirme con la sociedad», señaló «Popeye» quien en estos momentos colabora con la Justicia de Colombia, como admitió en la entrevista.
«Yo lo único que sé es ser bandido», confesó, y aunque aclaró que ya no anda armado por la vida, es mejor no amenazarlo. «Soy de respeto. Y tengo amigos que también son de respeto. A mí me amenaza un tipo y tiene sus consecuencias, porque tampoco la cosa es tan fácil. Yo soy humilde y soy como bobito, pero del todo no».

Como protagonista directo del Cartel de Medellín, Jhon Jairo tiene secretos que no quiere llevarse a la tumba. Y necesita que quienes fueron víctimas directa o indirectamente de la violencia en Colombia, puedan cerrar algún círculo que quizás aún permanezca abierto. Es así como cuenta parte de lo que fue el ataque terrorista contra el vuelo 203 de Avianca, el 27 de noviembre de 1989, donde murieron 110 personas, luego de que la nave explotara en pleno vuelo. «No participé, pero Pablo Escobar organizó. Yo entregué la plata para la bomba, pero yo ya pagué por eso», recordó.

Sin embargo, «Popeye» apunta contra el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) ahora disuelto, como una parte fundamental dentro de la historia del narcoterrorismo en Colombia, durante los 80 y 90. «Sin el DAS, el doctor (Luis Carlos) Galán no hubiera muerto, sin el DAS no hubiera muerto José Antequera, sin el DAS no hubieran muerto las 107 personas en el avión de Avianca», denunció Velásquez Vásquez.
Según explicó el ex lugarteniente de Escobar Gaviria, el DAS y todos sus recursos monetarios y de inteligencia eran utilizados por el Cartel de Medellín y por la ultraderecha, al mismo tiempo, lo que desató una guerra contradictoria e interminable dentro del país y que todavía no fue lo suficientemente investigada.

«Popeye» sabe que su vida corre peligro. Que no puede andar solo por las calles de Medellín. El daño que provocó fue demasiado y cualquiera podría querer saldar viejas deudas de sangre. Es por eso que vive en la clandestinidad, se moviliza en vehículos blindados, no prueba comida de extraños y tiene conductas paranoicas. Sabe que podrían poner fin a su vida de un momento a otro. «Yo quisiera disfrutar más. Pero ya con lo que he disfrutado ya estoy contento».

La periodista de Los Informantes le consultó respecto a su apodo y a si había cambiado su rostro mediante operaciones plásticas. «Yo era más feo todavía. Me dicen Popeye porque tenía la mordida así al contrario. Llegué al Memorial Hospital y averigüé cuánto salía una cirugía de la mandíbula. Salí de la clínica a los tres días. Y después me hice la operación de la nariz».

Con el número de presidiario «0007» en su pecho y espalda, «Popeye» sobrevivió a los peores penales colombianos. La Catedral, la Modelo, entre otras, representaron un infierno para el sicario de Escobar Gaviria. «Los bandidos tenemos dos lugares donde siempre nos encontramos, así seamos amigos, enemigos, ricos, pobres. La cárcel y la morgue. Ahí llegamos todos».

Y fue en la cárcel donde se encontró a los archienemigos de su «Patrón», como todavía lo llama. Los hermanos Rodríguez Orejuela, Gilberto y Miguel, capos del Cartel de Cali, finalmente cayeron detenidos. Él lo recuerda fotográficamente: «Don Miguel y Gilberto llegaron arrogantes. Don Miguel es muy prepotente. Y llegó con un pelito de lo más bonito, todo peinadito. Camisa de seda muy linda, el pantalón con la rayita aquí, los zapatos divinos, calzoncillos Calvin Klein; el viejo, reloj de oro, cadena de oro… llega como un pavo real. Yo ya venía de cárcel brava. Con el uniforme carcelario, el pelo cortado con máquina número uno… ‘y para allá, papito’. ‘Vamos a ver si estos hijos de puta le van a aplicar la misma a estos viejos’. Llegó el guardia y le dijo: ‘la misma, papito, venga para acá’, y le pasan la máquina. Gilberto les dijo que el uniforme no se lo iba a poner… enseguida se sacó la camisita, el pantaloncito, lo único que le dejó fue el canzoncillito. Zapatos carcelarios, papito. Y yo dije: ‘bueno, listo, acá estamos. Vamos apara adelante'».

«Popeye» también recordó el día en que decretaron la extradición de Gilberto. Habló con él y el enemigo de su «Patrón» le confesó: «Todas las noches le oro al alma de Pablo Escobar, porque el que tenía razón de todo esto, era Pablo. Y el viejo reconoció y se le vinieron las lágrimas».

Jhon Jairo habla de su libertad y recuerda los años en Medellín, aquella ciudad que dominara durante años. Se sorprendió por la cantidad de motos que circulan por todos lados. Se ríe rememorando sus años de tipo duro. «En la época de nosotros cuando uno iba con el Patrón, venía una moto y uno ahí mismo sacaba el arma, le quitaba el seguro y apuntaba, donde se iba de manos el tipo, pierde. Ahoritica son diez (motos) por aquí, 20 por allá, 30 por allí. Y entonces, ya… disparen hijos de puta…», bromeó divertido.

También extraña a su antiguo jefe, aunque no lo diga. La nostalgia se le nota al recordar el primer día en libertad. «Pasé por la Hacienda Nápoles y me impactó muchísimo. Todavía el aire caliente de la Hacienda Nápoles huele a aventura. Y todavía se sentía la presencia de Pablo Emilio Escobar Gaviria ahí».

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