España: El socialista Patxi López, elegido presidente del Congreso

El candidato del PSOE apela al diálogo para buscar “más lo que nos une que lo que nos separa”

Arranca la legislatura con enfrentamientos por el acuerdo para la Mesa

El socialista Patxi López ha sido elegido presidente del Congreso en el primer acto parlamentario de la legislatura más incierta. Presidirá los debates del Parlamento más fragmentado de la democracia, como lo prueba el hecho de que el titular del cargo no pertenezca al partido mayoritario de la Cámara. El nuevo presidente del Congreso ha pedido “ayuda, colaboración y compromiso” y ha asegurado que espera “no defraudar la confianza estando a la altura del reto colectivo”. López ha hablado de superar las discrepancias y ha incidido en que es “más lo que nos une que lo que nos separa”. También se ha referido al Parlamento como reflejo de diversidad y pluralidad “para que no sean marginadas”.

El Congreso se ha constituido en un ambiente de nueva época manifestada en las formas de gran parte de los diputados, la irrupción insólita de dos nuevos partidos y, sobre todo, la incertidumbre sin precedentes sobre la futura formación de Gobierno.

López ha sido elegido en segunda vuelta, por mayoría simple, con 130 votos, frente a los 71 de Carolina Bescansa, la diputada de Podemos presentada por el partido de Pablo Iglesias como reacción al acuerdo sobre la Mesa del Congreso, el primero de la legislatura. Ese acuerdo,firmado por PSOE y Ciudadanos provocó que el PP retirara su candidato y dejara el camino libre a López.

unque la votación es secreta, todo parece indicar que Bescansa ha tenido los votos de los 69 diputados de Podemos y las candidaturas vinculadas a este partido, más los de los dos diputados de Izquierda Unida. López fue votado solo por los 90 del PSOE y los 40 de Ciudadanos. Todos los demás grupos han votado en blanco.

El acuerdo supone que el PSOE tendrá dos puestos en la Mesa (incluido el presidente); el PP tres; Ciudadanos dos y Podemos otros dos. El pacto terminó por ser el centro de las conversaciones de los pasillos de la Cámara. Por un lado el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, lo presentó como una especie de ensayo general de lo que pretende para su investidura; Albert Rivera (Ciudadanos) como la gestión puente entre populares y socialistas; Pedro Sánchez (PSOE) como fruto de su voluntad negociadora, pero aislado de la formación de Gobierno y lamentó que Podemos no se haya querido sumar, mientras que Pablo Iglesias arremetió contra el acuerdo, como antesala de lo que considera un futuro pacto para dar al PP La Moncloa.

PSOE y Podemos han chocado por la negativa de los socialistas a aceptar que la formación morada pueda tener cuatro grupos diferenciados en función de las candidaturas con las que se presentó en Galicia, Valencia y Cataluña. Para Iglesias era condición indispensable y para Sánchez es imposible reglamentariamente. Para el primero los socialistas han permitido que la derecha tenga mayoría en la Mesa y para el PSOE es el acuerdo lógico para poner en marcha las instituciones con la estricta proporcionalidad del Hemiciclo.

Han sido elegidos los tres miembros del PP de la Mesa -Celia Villalobos, Rosa Romero y Alicia Sánchez-Camacho-; la del PSOE, Micaela Navarro; los dos de Ciudadanos -José Ignacio Prendes y Patricia Reyes- y los de Podemos, Gloria Elizo, y Marcelo Expósito (En Común Podem).

El siguiente paso de la legislatura será el inicio de las consultas del Rey con los líderes políticos para poner en marcha el debate de investidura y dentro de la Cámara el próximo será la constitución de los grupos parlamentarios. Se rechazará la petición de Podemos y se aplicará flexibilidad a Democracia i Llíbertad (antes Convergencia).

Del guión habitual se han salido las diferentes fórmulas utilizadas por diputados de Podemos y las candidaturas confluyentes, que han incluido referencias al acatamiento de la Constitución “para cambiarla”, “nunca más un país sin su gente y sin sus pueblos” o “por un proceso que reconozca la soberanía”, y palabras en cada una de las lenguas cooficiales.

Fernando Garea/El País