El predicador papal advierte a los jóvenes de la “deriva trágica” del amor posesivo

El papa Francisco conmemoró hoy la Pasión de Cristo con un acto en el que su predicador Raniero Cantalamessa instó a los jóvenes a ir “contracorriente” y les pidió “salvar el amor humano” de la “deriva trágica” de la “posesión”.
El pontífice, sentado en un trono frente a la escultura de San Pedro, asistió a la ceremonia sin pronunciar homilía alguna, en total silencio, ya que este es el único día del año en que no se celebra misa en memoria del calvario de Jesús de Nazaret.

En su lugar habló el predicador capuchino y se dirigió de forma especial a los jóvenes, a quienes el papa ha dedicado este 2018 con la convocatoria del Sínodo de los Obispos en octubre para abordar los problemas y las inquietudes de las nuevas generaciones.

Con una cita de Juan el Evangelista, el apóstol más joven de Jesús, Cantalamessa advirtió a los muchachos que no amen “el mundo tal como ha llegado a ser bajo el dominio de Satanás y del pecado” y en el que, dijo, desempeña “un papel decisivo” la opinión pública.

“Es lo que llamamos adaptación al espíritu de los tiempos, conformismo”, criticó el predicador, quien apuntó a unos versos del escritor anglo-estadounidense TS Eliot: “En un mundo de fugitivos, la persona que toma la dirección opuesta parecerá un desertor”.
Por ello les animó a ir contracorriente: “¡Sed de los que toman la dirección opuesta! ¡Tened la valentía de ir contra corriente! La dirección opuesta, para nosotros, no es un lugar, es una persona, es Jesús nuestro amigo y redentor”, señaló.

El predicador de la Casa Pontifica dijo entonces a los jóvenes que su tarea es “salvar el amor humano de la deriva trágica en la que ha terminado” en la que, indicó, “ya no es un don de sí, sino solo posesión -a menudo violenta y tiránica- del otro”.

El acto, con el que se conmemora la Pasión de Cristo, comenzó con el papa, con paramentos rojos, tendido por dos minutos ante el Altar Mayor, y permaneció en silencio durante toda la ceremonia, la única del año en la que no hay misa ni consagración pero sí comunión.

Esta sugestiva ceremonia transcurre en una basílica de San Pedro del Vaticano poco iluminada y sin ornamentos por el clima de penitencia y durante la misma tres diáconos cantaron pasajes de la Pasión, con la música y las voces del coro de la Capilla Sixtina.

La liturgia de este Viernes Santo concluyó en el Vaticano con la oración universal y la adoración de la Santa Cruz.

Esta noche Francisco presidirá el Via Crucis, que representa el camino de Cristo a la cruz, y lo hará, como es tradición, en el Coliseo romano, símbolo de la persecución y del sufrimiento de los primeros cristianos. EFE