50 años del asesinato de Martin Luther King Jr.: más allá de un famoso discurso

Martin Luther King Jr. significaba progreso. Por eso, quizá, le mataron en Memphis (Tennessee) el 4 de abril de 1968. Vivió una vida extraordinaria. Más allá de marcar en rojo un momento concreto en su vida, su fuerza dominante destacable fueron los grandes logros en la década entre 1957 y 1968 en la lucha por los derechos civiles a través de las posturas no violentas. Más importante incluso que otros momentos concretos en la vida de Martin Luther King Jr. como los boicots a las líneas de autobús en Montgomery, el discurso de la manifestación en Washington en 1963 (“I Have a Dream”) o el Premio Nobel de la Paz.

Marta Torres / El Mundo

En su última intervención, abordó las posibles soluciones a la pobreza, una alocución que todavía sigue vigente hoy en día. Precisamente, se encontraba en Memphis, donde fue asesinado por James Earl Ray, para apoyar una huelga de trabajadores de recogida de basura afroamericanos que apenas ganaban un dólar por hora, a los que no se reconocía el derecho a la sindicación. No es el King del discurso “I Have a Dream” (Tengo un Sueño), tampoco el de la fiesta nacional en Estados Unidos en su honor. Es un King que pidió justicia económica, que instó a hacer boicots a las empresas que respaldaban injusticias, y a las que llamaba por su nombre. Sin embargo, sus ideas de futuro se truncaron con su asesinato que propició revueltas en diferentes ciudades en Estados Unidos.

Cuando el presidente Barack Obama empezó a llamar la atención de los periódicos liberales en Estados Unidos, entre los que destacó ‘The New York Times’, se resaltaba del entonces senador de Illinois que si se le escuchaba con los ojos cerrados, parecía hablar cualquier político blanco del país. Obama se ocupó de hacer ver que era la evolución de King. Mientras, hacía oídos sordos a los historiadores de la América Negra, que echaban de menos la contundencia y rudeza del otro gran líder de los derechos civiles, Malcolm X. Sin embargo, el primer presidente afroamericano de Estados Unidos supo entender que tenía que acercarse al electorado y pueblo estadounidense con las propuestas políticas para todos derivadas de King. No podía ser el Reverendo Al Sharpton o Jesse Jackson, candidatos del Partido Demócrata, que solían caer en las primarias de su agrupación política y eran respaldados sólo por el voto negro.

De esta forma, da la sensación que la bala que le penetró en la cara quebró también el progreso, que podían haber traído sus palabras de haber seguido con vida y de esta forma su carrera política.

Nacido en Atlanta (Georgia) el 15 de enero de 1929, su padre Martin Luther King Sr. era pastor de la Iglesia Baptista Ebenezer, y su madre Alberta, profesora de escuela. No tenía previsto seguir estos pasos. Pero, le convenció el Dr. Benjamin Mays. Después de graduarse y conseguir el doctorado en Chester (Pensilvania), volvió al Sur donde se puso al frente de la Iglesia Baptista Dexter Avenue en Montgomery (Alabama). Allí, dejó su primera marca en la historia de derechos civiles. Fue cuando lideró un boicot a las líneas de autobuses tras movilizar a la comunidad afroamericana durante 382 días. Entonces, se levantaron después de que Claudette Colvin y Rosa Parks se negase en dos incidentes distintos a ceder sus asientos de la parte delantera del autobús, reservada para los blancos.

En esta dividida sociedad estadounidense de hoy en día, marcada por las diferencias sociales y económicas, da la sensación de que se necesitan líderes como el que podía haber sido King en caso de no haber sido asesinado.

Precisamente, su último gran discurso, “Mountaintop” (cima de la montaña), pronunciado el 3 de abril de 1968, que también tiene estos días su 50 aniversario, puede servir para reflexionar sobre la actualidad: “Un día, tendremos que presentarnos ante el Dios de la historia. Y le hablaremos en los términos de lo que hemos hecho. Y me parece que puedo oír al Dios de la historia decir: “No fue suficiente”, echó en cara King en su último discurso.

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