El ‘rey del tomate’ tiene 15 años y es de Barcelona

Lo que empezó como una simple tarea escolar, acabó con una producción de tres mil kilos

Josep Fita /La Vanguardia

Hay tópicos que, a pesar de ser eso, tópicos, son ciertos. No hace falta destinar mucho tiempo para encontrar infinidad de ejemplos al respecto. Sin embargo, hay otros que por mucho que se repitan hasta la saciedad, muchas veces no se ajustan a la realidad. Quién no ha escuchado decir que las nuevas generaciones de jovenzuelos que suben dejan bastante que desear. Que si son unos pasotas, que si sólo piensan en divertirse… Pero lo cierto es que hay bastantes adolescentes que vienen pisando fuerte y que rompen con estos axiomas. Uno de ellos es Javier, un barcelonés de 15 años.

Cuando tenía 12, se le ocurrió montar una empresa ficticia de tomatescomo respuesta a un proyecto que tenía que presentar en segundo de la ESO. El profesor quería que los alumnos vieran la complejidad que acarrea crear un negocio desde cero -buscar financiación, contar con un riguroso plan de negocio, tener muy perfilado el producto que se va a ofrecer, identificar con exactitud el cliente al que irá dirigido el producto, etc.- y por esa razón propuso esta tarea a sus alumnos. Pero Javier se tomó el trabajo muy a pecho. Tanto, que dos años después de que naciera la idea, acabaría produciendo tres toneladas de tomates sin haberlo previsto de antemano.

Este es uno de los tomates que planta Javier
Este es uno de los tomates que planta Javier (J. B.)

Nos explicamos. Para Javier, el tomate es algo más que una simple hortaliza (¿o deberíamos decir fruta?). Es una cuestión casi familiar. Y es que su padre es originario de Huesca, de Sesa, donde el tomate rosado, además de ser considerado todo un manjar, es una religión (el tomate rosa de Barbastro fue designado Marca Nacional de España en 2014 por el Ministerio de Industria). Javier pensó que no había mejor empresa que montar que la relacionada con esta planta herbácea. Y se puso manos a la obra.

Pero se implicó tanto en el proyecto, que al final se le escapó de las manos. Lo que en principio nació como una simple tarea escolar, acabó convirtiéndose en una especie de empresa, y él, por ende, en un empresario precoz. El año pasado compró, con la ayuda de su padre, mil tomateras para plantarlas en el terreno que su progenitor tiene en Huesca. “Quería recaudar dinero para el viaje de fin de curso con la venta de tomates. No sabía cuántos kilos me saldrían y por eso compramos tantas tomateras”, explica a La Vanguardia. Al final acabó produciendo tres mil kilos de producto.

Este es el terreno de Huesca donde Javier tiene su plantación
Este es el terreno de Huesca donde Javier tiene su plantación (J. B.)

A partir de ahí, surgieron las primeras dudas. A saber: cómo trasladar la producción hasta Barcelona, cómo venderla, a quién, a través de qué canales… Para empezar, Javier y su padre comenzaron a viajar a Huesca cada fin de semana. “Cargábamos en el coche entre 50 y 60 cajas”, relata el joven. “Una vez tenía los tomates aquí, los repartía yo mismo”, añade.

Javier empezó a vender tomates a personas conocidas. También en el mismo colegio. “Muchos los vendí a 4 euros el kilo. En algunos supermercados gourmet los puedes encontrar a 7 u 8 euros”, esgrime. Y la experiencia fue positiva. “A la gente le gustó bastante el producto, y el precio les pareció razonable”. Hasta hubo un restaurante barcelonés que se interesó. “Les envié unas cuantas cajas y les gustó mucho”.

Javier y su padre hicieron muchas veces el trayecto Barcelona-Huesca-Barcelona para traer los tomates hasta la capital catalana
Javier y su padre hicieron muchas veces el trayecto Barcelona-Huesca-Barcelona para traer los tomates hasta la capital catalana (J. B.)

Pero claro, tres toneladas de tomates no se colocan de la noche a la mañana. Sobre todo, si uno no cuenta con una infraestructura adecuada para su transporte y distribución. “No sabía qué hacer con tantos kilos”, apunta. Al final, Javier tuvo que malvender parte de su cosecha. “Me la compró una frutería que me la pagó a 0,70 euros el kilo. Me dio un bajón bastante fuerte”, lamenta. Incluso parte de la producción “se perdió” porque no llegó a tiempo de recogerla.

Al menos, las ventas que efectuó le sirvieron para cubrir costes. Y la experiencia vivida fue lo suficientemente enriquecedora como para querer repetirla. “Me ha gustado el proyecto y quiero seguir”, subraya el joven. “El tomate tiene futuro, gustó bastante a la gente, y muchos quieren repetir”, asegura. Eso sí, pretende producir mucho menos cantidad de la que obtuvo el verano pasado. “La mitad o menos”, dice. Y es que necesita tiempo para él. “Tengo que estudiar”, afirma.

Parte de la producción de Javier
Parte de la producción de Javier (J. B.)

Javier, que quiere ser ingeniero agrónomo, lo tiene todo pensado. Cuando sea mayor de edad, dará de alta la empresa. “Ahora la marca [El tomate rosado, el rey del tomate] está registrada a nombre de mi padre porque yo soy menor de edad”, explica. La verdad es que parte del trabajo ya lo tiene hecho. Cuenta con el logotipo de la futura compañía, incluso con las cajas de reparto, “que están personalizadas con el logo de la marca”.

Es consciente, sin embargo, que el camino no será fácil, algo que ha aprendido gracias al trayecto que lleva recorrido. Ya antes de obtener la producción, que le costó colocar, tuvo que hacer frente a las plagas que le aparecieron en la plantación. Y luego tuvo que lidiar con algunos intermediarios que no se lo pusieron fácil. “Algunos me dijeron que no les interesaban mis tomates de una manera inadecuada”, denuncia.

La plantación de Javier en Sesa, Huesca
La plantación de Javier en Sesa, Huesca (J. B.)

Pero cuenta con el apoyo de su padre, lo que para él supone un acicate. No así con el de su madre: “Dice que es demasiado trabajo para mi. Tampoco le gusta que mi padre se implique tanto”, relata. Lo que está claro es que el viaje le ha curtido. Con sólo 15 años, ha encarnado todos los roles presentes en la producción de un tomate: desde agricultor o transportista, a comercial e incluso repartidor.

Que el producto haya tenido una buena acogida en Catalunya es algo que también le anima a seguir. Cree que su tomate no tiene parangón aquí, y eso que ya le ha surgido competencia. “Han creado uno desde el laboratorio. Yo lo compré para probarlo, me costó 3 euros, y no me gustó nada. No sabía a tomate. El mío es un producto de calidad”, afirma con convicción.

Los tomates de Javier han tenido una buena acogida
Los tomates de Javier han tenido una buena acogida (J. B.)

La idea es empezar poco a poco, con la ayuda económica que pueda facilitarle su padre y lo poco que tiene ahorrado. “Luego ya se verá qué dimensión va cogiendo el proyecto”, señala. Es difícil saber qué suerte correrá la empresa que tiene en mente Javier. Pero lo que sí es factible decir es que a ilusión y tesón no le gana nadie. Y eso, tratándose de alguien que sólo tiene 15 años, es algo a destacar.

Javier, un 'empresario' precoz
Javier, un ‘empresario’ precoz (J. B.)
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