La venganza “apoteósica” de una mujer que pilló a su marido con otra

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La venganza fue “apoteósica”. ¿Qué harías si de pronto te enterases de que tu pareja lleva engañándote cinco años con un profesional del sexo? ¿La dejarías? ¿La echarías de casa? A una mujer le ha ocurrido justo esto.

Tras un matrimonio de treinta años, un día se enteró de que su marido le había estado siendo infiel con una prostituta durante nada menos que media década. Ella descubrió el affaire cuando encontró popper entre las pertenencias del marido. Se trata de una droga utilizada para mejorar el sexo y que se administra mediante inhalación.

Dichas sustancias estupefacientes estaban junto a una tarjeta de un salón de masajes, al que llamó la esposa engañada para investigar qué hacía su esposo con esa droga y la tarjeta del local. En esos casos impera el dicho de ‘piensa mal y acertarás’. Y, efectivamente, es lo que estaba imaginando: su marido era cliente asiduo del establecimiento.

La mujer no se imaginaba que la persona con la que se había casado hace tres décadas, con la que convivía, con quien compartía penas y alegrías… tuviese una amante y, además, pagando. “Me asusta que pueda ser tan mentiroso. Es horrible vivir con alguien que tiene tanto poder sobre ti”, dijo ella a ‘The Sunday Mercury’.

Se cobró su (peculiar) venganza

Tras confirmar que sus sospechas eran ciertas, la mujer tuvo que pasar por un necesario trámite: se sometió a las pruebas del VIH para descubrir si la sórdida y oculta vida de su marido le había costado una enfermedad sexual inesperada tanto a él como a ella.

La esposa, que se hace llamar Sarah aunque no es su nombre verdadero, decidió cobrarse su venganza con el marido infiel. ¿Qué hizo? ¿Dejarle? ¿Pedir el divorcio? ¿Engañarle ella con otro? Nada más lejos de la realidad: ni le abandonó ni abandonó el hogar: decidió comenzar a cobrarle por sexo. Exactamente, 40 libras (46 euros) por coito. Eligió esa cantidad porque es justo lo que su marido pagaba a la prostituta.

Hombre, como venganza… es un poco bastante floja. ¿Por qué no le mandó a freír espárragos?, os preguntaréis. Pues porque ha decidido perdonar a su marido. “Sé mi valor. Sé que de todas las mujeres que había podido elegir, yo soy la mejor, la del oro. Además, he invertido mucho en nuestro matrimonio “.

Perdona al marido, pero no a la otra

La cumbre del machismo: perdonar al hombre pero no a la amante, quien, en este caso, solo estaba trabajando. Además, Sarah lo tiñe de falso feminismo: “No puedo perdonarla. No solo por lo que me hizo a mí, sino por lo que le hizo a otras mujeres”.

La esposa va a intentar salvar su matrimonio cueste lo que cueste, pero no es tan fácil, y menos si le sigue cobrando por las relaciones sexuales. De hecho, no está segura de si algún día superará su traición. “No puedo confiar en él, y es la única persona en la que debería creer por completo”.

En cuanto su maridito cruza la puerta, Sarah lo pasa mal: “Si sale de la casa, me siento ansiosa. Si me ha hecho eso siendo yo su mujer…”, confiesa.

Además, una de las cosas que a la mujer más le cuesta perdonar no es que su esposo le haya sido infiel, que también, sino que lo haya hecho con la misma mujer durante cinco años, lo que denota que en esa relación había algo más que sexo. “Me cuesta creer que haya pasado eso durante tantos años”, dice.

Ahora a Sarah no se le ha ocurrido otra cosa que hacer una petición a los burdeles para que les hagan cumplir un código de conducta para evitar que las trabajadoras sexuales monopolicen a un cliente, y “así evitar que le suceda lo mismo a otra persona” lo que le pasó a ella.

¿Qué opinas de todo esto? ¿Crees que el marido estaba enamorado de la prostituta? ¿Crees que quiere a su esposa? ¿Qué opinas de la reacción de Sarah? ¿Tú hubieras hecho lo mismo?, reseñó El Confidencial