La nueva forma de pagar el alquiler que incluye sexo

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Buscar piso es desesperante. Encontrar algo que se aleje mínimamente de la noción de zulo, difícil. Que el alquiler no conlleve vender varios órganos y empeñar a tu primogénito, casi imposible. Según el portal especializado Idealista, el año pasado los precios del alquiler subieron de media un 18,4%. Los salarios pactados por convenio, se incrementaron sólo el 1,4%. Es decir, trece veces menos.

El sueldo ya no alcanza para garantizar el acceso a la vivienda y esto hace que surjan prácticas, cuando menos, alegales. La última que se ha puesto de moda: pagar con sexo el alquiler.

Es sencillo. El arrendador propone a su arrendatario el pago con relaciones sexuales de un porcentaje o el total del alquiler. O viceversa. Con una periodicidad determinada, ambos mantienen un contacto sexual como parte del contrato.

Conseguir un alquiler de estas características es más fácil de lo que parece. Ni es una práctica aislada propia de la darknet. Una rápida búsqueda en Google (más de tres millones de resultados en poco más de medio segundo) nos lleva a portales como Milanuncios.com. Allí encontramos todo tipo de ofertas. “Alquilo habitación primer mes gratis a chica. La condición, por si te interesa, es que soy nudista”. “Busco un sitio donde quedarme un mes por la zona de Benalmádena. Yo joven de 24 años, responsable, educado, limpio, ordenado y trabajador. No tengo dinero suficiente para pagar un alquiler. Puedo completar con sexo”. Buscamos una calle al azar en el mapa y llamamos a esta última.

-Llamaba en relación al anuncio de una habitación.

-Sí (…) Mira, yo soy un joven hetero (…) pero bi. Tengo muy pocos límites, soy muy versátil, el número de veces a la semana que quieras.

-Me ha llamado la atención. ¿Por qué esta oferta?

-Voy a hacer un curso y así me ahorro tener que pagar el alquiler. ¿Qué te mola?

Los últimos casos que han saltado a la opinión pública han tenido lugar en lugares turísticos como Ibiza, donde es más fácil encontrar trabajo que alojamiento. Muchas veces los trabajadores se ven obligados a rechazar los empleos por lo poco asequible de la vivienda. Es por esto que, en muchas ocasiones, los caseros se aprovechan de la situación de quienes no pueden permitirse pagar un elevado alquiler -gracias, burbuja-. Sexo por techo, ni más ni menos.

En un reportaje de LaSexta, un ciudadano, dueño de una casa de tres habitaciones, admitió haber puesto un anuncio en el que alquilaba una a cambio de 150 euros y sexo esporádico dos veces al mes.

Este negocio surgido en la crisis no se limita a España. En Reino Unido, los precios de los alquileres están por las nubes. En Londres, mucha gente se ha visto expulsada del centro hacia barrios antes marginales que se gentrifican (llega gente con mayor poder adquisitivo que echa a los vecinos porque suben los precios del distrito). Esto provoca que los márgenes de la ciudad se amplíen. Y también esta forma de intercambio tan discutible.

Esta anomalía inmobiliaria se refleja en sitios web de anuncios como Craiglist. La BBC realizó un extenso documental en el que diversos jóvenes contaban sus testimonios: “Me daban una habitación compartida gratis a cambio de cocinar, limpiar y sexo oral una o dos veces por semana”.

Otro requería a un joven “bisexual o gay” a quien no le importara recibir sexo anal.

En Reino Unido, este tipo de actuaciones están tipificadas como un delito de incitación a la prostitución. De acuerdo a la legislación de Inglaterra y Gales, esto conllevaría penas de entre uno y siete años de prisión.

En España, sin embargo, este tipo de ofertas gozan de una situación de alegalidad al no existir una regulación al respecto. El Código Penal sólo habla de delitos sexuales cuando existe una falta de consentimiento, algo cuestionable de existir un contrato o acuerdo entre ambas partes. Si bien podrían muchos casos ser considerados como explotación sexual, aunque ésta es encubierta. En el ámbito del Derecho Civil el contrato podría ser nulo ya que el pago con sexo no está amparado por la ley.

Tecnicismos aparte, en realidad esto deriva en que los caseros se aprovechan de su situación de poder sobre gente sin recursos para mantener relaciones sexuales. Algo que desvirtúa algunas iniciativas como las de compartir piso con ancianos a cambio de compañía -sin carne mediante- y ayuda con las tareas del hogar, reseñó El Mundo

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