El santo francés que hace milagros en El Hatillo

La inexplicable sanación de una niña caraqueña mordida por serpiente sirvió como prueba para la canonización de un beato francés martirizado hace más de dos siglos, dejando en evidencia que los designios divinos no tienen frontera y que santo viejo sí hace milagro.

Cuando este domingo 16 de octubre María Alejandra Hernández se presente ante el papa Francisco llevando las ofrendas al altar, millones de católicos conocerán a una jovencita verdaderamente tocada por Dios. Una curación sin explicación por la ciencia médica hace de esta caraqueña el testimonio patente de que los milagros existen, tanto que el suyo fue definitivo para la canonización de un religioso francés muerto hace más de dos siglos.

Salomón Leclerc, hermano de La Salle martirizado durante los convulsos primeros días de la revolución francesa, es el otro eslabón de esta historia, pues gracias a su intervención María Alejandra sobrevivió a una mordedura de serpiente cuando apenas contaba 5 años.

Primer milagro ocurrido en la arquidiócesis de Caracas que es admitido por El Vaticano, el del hermano Salomón es el segundo caso de prodigios endógenos realizados por beatos extranjeros: en 1988 María Rosa Molas, monja española fundadora de las Hermanas de Nuestra Señora de la Consolación, fue canonizada tras la curación milagrosa de un niño de Caicara del Orinoco, Bolívar, lo que hace de Venezuela tierra fértil para hacer santos en los tiempos que corren.

– Viejo pero bueno –

A excepción de los estudiantes de La Salle y los habitantes de Sabaneta del Cañaveral, en la zona rural de El Hatillo (Miranda), pocos han oído hablar de Salomón Leclerc. Y no es para menos, pues se trata de lasallista nacido en Boulogne-sur-Mer, Francia, y muerto en París el 2 de septiembre de 1792, por lo que se cuenta entre los primeros muertos por el anticlerical movimiento que cortó coronadas testas.

Primer mártir de la congregación, fue beatificado en 1926 y en esta condición se habría quedado de no ser por el fortuito hecho de que una talla de Salomón llegó a Venezuela a mediados del siglo XX, yendo a parar al noviciado lasallista en Sebucán, Caracas, donde lo conoció y comenzó a venerar el futuro cura Rafael María Febres-Cordero.

Ordenado sacerdote. Febres-Cordero pidió la imagen a los lasallistas, quienes por más de 30 años negaron la piadosa petición. Sería en 2004 cuando el ya entonces Monseñor vio satisfecha su solicitud y la imagen pasó de la sacristía del Colegio la Salle La Colina a la Ermita de la Eucaristía, en la rural Sabaneta, justo al lado donde la asociación civil Asoprogar tiene dos casas hogar, donde viven 22 niños desamparados atendidos por Siervas del Santísimo Sacramento.

“Desde que llegó hubo un amor a primera vista entre la comunidad y el santo, que comenzó a pedirle favores y se cumplían”, dice Monseñor, quien a la llegada de la imagen profirió una frase profética: ‘Hermano Salomón, llegaste beato y en este monte te harás santo”.

Rendir la comida, sacar de apuros económicos, sanar dolores de toda índole y hasta hacer aparecer objetos perdidos, son algunos de los favores que los sabaneteros piden a quien acogieron como su santo, aunque su máximo reconocimiento es como sanador de picados por alacrán o culebra. Incluso le compusieron una oración que todos rezan al salir a sus faenas en el campo: “Santo hermano Salomón/ de Cristo mártir glorioso/ líbrame de culebras/ y de animales ponzoñosos”.

Justamente una prodigiosa curación por la mordedura de una de las serpientes más peligrosa del país, fue el milagro que llevó a los altares a este antiguo beato francés.

– Y la libró de ponzoña –

La tarde del jueves 6 de septiembre de 2007, María Alejandra jugaba con los otros niños en el patio de las casas-hogar empotradas en la zona rural cercana a Caracas. No hubo mayor alboroto, solo el llanto de rigor por la picadura de un ‘bicho’ en el tobillo derecho. Creyendo que se trataba de un bachaco trinitario, un antialérgico fue todo lo que se suministró en el dispensario local.

“No fue hasta el 8 de septiembre cuando nos dimos cuenta de los moretones en la pierna y se podía ver que el recorrido de las venas estaba negro. Enseguida la llevamos a la clínica Santa Sofía y fue allí donde se hicieron los diagnósticos que determinaron emponzoñamiento por veneno de serpiente”, recuerda la hermana Karina Rincones, Sierva del Santísimo Sacramento y para entonces directora de las casas-hogar.

Los exámenes determinaron que la niña había sido mordida por una tigra mariposa (bothrops venezuelensis), cuyo veneno causa hematomas, sangrado, necrosis de tejido y ataca órganos vitales como hígado, páncreas y riñones. De no administrarse el antídoto antes de las 12 horas, causa la muerte.

Para las monjas, allí comenzó el milagro. Recuerda la hermana Karina que los médicos no se explicaban cómo era que la niña seguía viva 48 horas después de la mordedura, razón por la cual en un primer momento se le negó el suero antiofídico pues consideraban que no tendría ya efecto.

Cuando por fin se aceptó suministrarle el contraveneno, los médicos (ya eran cinco los dedicados al caso) informaron a las monjas que en un intento por salvar a la niña habría que cortar la necrosa pierna, pese a lo cual no daban garantía de que el veneno no hubiese afectado órganos vitales y causado daños irreversibles. De hecho, el sangrado por oídos, encías y nariz era profuso, indicativo de que el veneno había alcanzado las mucosas superiores.

“Fue cuando llamamos a la congregación y a monseñor Febres-Cordero, quien dijo que le pidiéramos al hermano Salomón por la vida de la niña”, afirma la hermana Karina, quien no tiene prurito en decir que no era en lo más mínimo devota de Salomón, una afirmación que es coreada por las hermanas Liliana y Daysidin Roca, otras dos monjas involucradas en el caso.

En pocos minutos el cura, las hermanas cuidadoras, los niños de las casas-hogar y los vecinos de la zona comenzaron una oración comunitaria a la que se sumaron las monjas de la congregación en toda Venezuela, los directores de Asoprogar, los hermanos lasallistas y cuanto quisiera rezar para que Dios, por intercesión del desconocido beato, hiciera el milagro.

Y el milagro se hizo. Dos horas después de iniciada la cadena de oración, la pierna de la niña se había desinflamado y recuperó su color natural, desapareció el sangrado de las mucosas y los valores comenzaron a mejorar. A la mañana siguiente (9 de septiembre) había una inexplicable pero franca recuperación, y un día después María Alejandra estaba en casa tras comprobarse que como por gracia divina, los signos de emponzoñamiento habían desaparecido sin dejar daño alguno, aunque sí mucho desconcierto entre los médicos.

“Ella no tiene secuelas y es una niña completamente sana”, dice la hermanan Liliana, quien junto a Karina no se separó ni un momento de la niña y a quien, nueve años después, se le siguen entrecortando la voz al recordar los difíciles momentos que vivió en la clínica.

– Un milagro andante –

Cuando se le pregunta si sentía dolor, María Alejandra solo responde con un movimiento impreciso de cabeza, lo que habla de su extremadamente tímido y reservado carácter. De hecho, en el Colegio Las Cumbres donde estudia segundo año, ninguno de sus compañeros sabe que ella está, literalmente, viva por un milagro.

“Solo se lo he contado a mi tutora, y ella, creo, se lo contó a la directora. No quiero que la gente sepa”, dice en pocas palabras la adolescente, que confiesa querer estudiar veterinaria o medicina. “No sé todavía, pero me gustan los animales, he ido a un consultorio veterinario y he ayudado en la consulta. También me gustaría ser obstetra para dar la vida a los niños. Ya veremos”, dice.

María Alejandra Hernández D’agnese nació el 19 de junio del año 2002 y llegó en diciembre de 2005 a la casa-hogar junto con sus tres hermanos:Moisés, hoy de 15; Omaira (12) y su gemela María Victoria (14), luego que las autoridades del Consejo de Protección de Niños, Niñas y Adolescentes intervinieran el disfuncional hogar conformado solo por la madre.

“Se los quitaron porque no podía tenerlos”, sentencia Juan Carlos Zambrano, presidente de Asoprogar, asociación civil sin fines de lucro que administra las casas-hogar atendidas por las santas mujeres. “Llegaron provenientes de Fundana. Estaban muy pequeños y desorientados, y las hermanas han sido la única familia que conocen”, agrega.

La religiosa Karina confirma esta situación, agregando que en 11 años no ha portado por allá ningún familiar de los Hernández, quienes hacen una vida absolutamente normal: van a colegios (privados), realizan actividades propias de niños y adolescentes, e incluso trabajan, como es el caso de Moisés, quien ayuda en algunas labores en Asoprogar.

De poco hablar, María Alejandra asegura que no conocía al hermano Salomón quien ahora, por razones más que obvias, es su santo de cabecera, por lo que no duda en afirmar que ante cualquier necesidad, pidan con fe a Dios y a Salomón con veneración.

– Camino a Roma –

Recordando la promesa que hizo al beato cinco años antes, en 2009 monseñor Febres-Cordero llevó a El Vaticano el caso de la curación milagrosa para que comenzara el proceso de canonización del francés. Para ello tuvo que pedir permiso al cardenal parisino, pues el milagro se había realizado a 7.618 kilómetros de la ciudad luz, donde correspondería iniciarse la causa.

Analizado el prospecto, la Congregación para la Causa de los Santos decidió que había méritos para convocar al tribunal, que se estrenó dos años después para sustentar todas las pruebas presentadas. Solo en Caracas se entrevistó a 21 testigos, entre ellos los médicos que atendieron a la niña, para determinar que no había explicación científica posible para la curación.

Fue así como a principios de mayo de este año, un grupo conformado por cinco cardenales aprobó el informe elaborados por los médicos y científicos designados por la Santa Sede, y el 10 de ese mismo mes el papa Francisco firmó el decreto de canonización del lasallista francés muerto 224 años antes y dejando constancia de que santo viejo sí hace milagros.

– La piedra angular – 

María Alejandra no sería protagonista de esta historia de no existir Asoprogar, una asociación civil fundada hace 30 años en el seno de la iglesia católica para atender a niños necesitados, y que en 1995 abrió en la zona hatillana de Caicaguana la casa-hogar Belén, donde fueron cuidadas dos generaciones de infantes.

“Aquí llegan los niños que provienen de hogares de cuidado y otras instituciones. Son por lo general niños huérfanos o que han sido sacados de hogares violentos”, dice Juan Carlos Zambrano, presidente de la asociación, quien aclara que aunque lo ideal es que sean menores de entre 4 y 8 años, también reciben adolescentes.

En 2003 se hacen con un terreno en la localidad de Sabaneta del Cañaveral para construir otras dos casas. Sin personal para atenderlas, la directiva pide ayuda a monseñor Febres-Cordero, quien convence a las Siervas del Santísimo Sacramento para que se hagan cargo de los nuevos albergues.

Y es aquí donde Salomón Leclerc entra a cuento. Como supervisor de la obra social, el cura levanta una ermita que llamó de la Eucaristía, que fue culminada en 2004 y sirvió de nuevo asiento para la imagen del beato francés.

Las casas-hogar (Santa María Goretti para niñas y beato Pier Giorgio Frassati para niños), albergan en la actualidad 22 niños (posiblemente lleguen otros), quienes reciben todas las atenciones de alimentación, habitación, educación, asistencia médica y recreación hasta alcanzada la madurez.

“En realidad no hay límite de salida”, acota Zambrano, agregando que en la medida de sus posibilidades la asociación –que se nutre de donaciones, tómbolas, rifas y actividades por el estilo- presta apoyo a más de 300 niños de la zona rural de El Hatillo. “Quisiéramos poder hacer más, pero no contamos con los recursos necesarios”, puntualiza.