Clara Rojas, y una clase magistral sobre el perdón: “No espero nada de mis secuestradores”

La abogada colombiana que fue secuestrada por terroristas y narcotraficantes explica cómo hizo para no sentir odio por quienes la capturaron

Clara Leticia Rojas González -abogada- nació el 20 de diciembre de 1964 en Bogotá, Colombia. En 2002, las Fuerzas Armadas Revolucionarias la secuestraron. Ella integraba, junto a Ingrid Betancourt, la fórmula presidencial del Partido Verde Oxígeno.

Finalmente, la liberaron el 10 de enero de 2008.

En su libro “No hay silencio que no termine”, Betancourt asegura que con el tiempo ella se había dado cuenta de que Rojas había perdido el interés en huir porque según le explicó ella, “ya no quería escaparse porque quería tener hijos”.

Betancourt narra que intentó disuadir a su compañera de secuestro haciéndole ver “lo que sería la vida de un bebé recién nacido en condiciones de precariedad tan grandes, y sin saber si las FARC accederían a liberar al niño”.

Sin embargo, Rojas quedó embarazada de un guerrillero, tuvo su hijo durante algunos meses en la selva y luego le fue arrebatado para ser entregado a una familia de campesinos en el departamento del Guaviare.

EFE

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El niño estuvo desaparecido hasta que los servicios de seguridad social del Estado descubrieron que dicha familia lo tenía en su poder después de que fuera remitido a Bogotá para ser atendido por médicos especialistas debido a problemas de salud.

Betancourt no identifica al padre de Emmanuel, como fue bautizado el niño, pero dedica después un capítulo a un “amistoso” guerrillero con el nombre de Ferney, al que en varias ocasiones encontró escondido con Rojas en el cuartucho que compartían.

Una grieta se cierra al entender que lo que estamos viviendo no es lo que queremos

La ex candidata presidencial fue rescatada por el Ejército colombiano el 2 de julio de 2008, junto a otros catorce rehenes, entre ellos tres ciudadanos estadounidenses.

Rojas ha señalado en varias ocasiones que fue “una quijotada” y “una flagrante estupidez” acompañar a Betancourt a San Vicente del Caguán, viaje en el que fueron secuestradas en febrero de 2002, pese a que les habían advertido que podían ser capturadas.

Rojas al ser liberada, habla por un teléfono satelital

Rojas al ser liberada, habla por un teléfono satelital

Ella fue liberada unilateralmente por los rebeldes el 10 de enero de 2008, gracias a la mediación del presidente venezolano, Hugo Chávez.

Este domingo, fue entrevistada por el periodista Luis Novaresio en el programa #DeboDecir. Allí, se abrió sin problemas y narró cómo hizo para superar las secuelas psicológicas del cautiverio. Pero lo más importante de la entrevista fue cuando enseñó cómo perdonar a quienes hacen daño. En su caso, cómo perdonar a los guerrilleros y paramilitares que sembraron el terror en Colombia durante 52 años.

No tengo nadie a quien cobrarle cuentas por lo que pasó. Eso es parte del perdón

Sobre su captura, dijo: “No tengo nadie a quien cobrarle cuentas por lo que pasó. Eso es parte del perdón. Hay muchas víctimas. Yo se que hay gente que necesita expresar sus cosas, sus necesidades. No tengo factura. No espero de mis secuestradores”.

(AFP)

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Las FARC y una vida en la selva al servicio de la guerra (AP)

Las FARC y una vida en la selva al servicio de la guerra (AP)

“Una grieta -continuó- se cierra al entender que lo que estamos viviendo no es lo que queremos. Es tomar la decisión. ¿Cómo podríamos manejarlo? ¿Qué podría hacer diferente? Es una reflexión para todos. En Colombia, 52 años de conflicto no nos gustaron“.

En mi caso, tuve que empezar perdonando. Tuve que poner mi granito de arena

Luego, al analizar el verbo perdonar, al analizar la contagiosa sensación de no sentir odio por un agresor, dijo: “El primer paso es el más difícil. En mi caso, tuve que empezar perdonando. Tuve que poner mi granito de arena. Ahí se van dando otros granitos de arena. Es como una bola de nieve”.

“En Colombia, miles de víctimas han perdonado. Son generosas, abren su corazón”, detalló.

He conocido a mucha gente que perdonó

Por último, al analizar las consecuencias de la guerra en Colombia, y los recientes resultados en una consulta popular sobre el enfrentamiento entre los guerrilleros y el Gobierno, destacó: “Uno se da cuenta de que otro está perdonando en otro lado, y va subiendo la conciencia de la sociedad. He conocido a mucha gente que perdonó. Es como que sube la conciencia y, cuando nos damos cuenta, estamos en otro nivel”.

por Infobae en noticiasaldiayalahora.co