Carolina Jaimes Branger: Heil Trump!

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Mis sentimientos de miedo y desazón con el triunfo de Donald Trump los resumió brillantemente el periodista Charles Blow al día siguiente del triunfo en un artículo en el New York Times. Blow dice que como hombre de negocios, Donald Trump era un fanático. Como candidato, Donald Trump era un fanático. Como nominado republicano, Donald Trump era un fanático. Y sólo puede asumir que como presidente, Donald Trump también será un fanático.
Considera además que es absolutamente posible que América no lo eligiera a pesar de eso, sino por eso. Piense por un segundo lo que eso significa. Además, ¿cómo puede entenderse el hecho de que el presidente apareció en videos pornográficos?¿Cómo puede entenderse que el hombre que nombrará al próximo fiscal general se ha jactado de agredir a las mujeres? ¿Cómo se verá el llamado “a la ley y el orden” de este presidente en las “ciudades del interior” en una época cuando las comunidades minoritarias ya están recelando de la agresión policial? ¿Cómo se entiende el hecho de que un hombre que atacó a un juez federal por su “herencia mexicana” será el mismo que nombrará al próximo juez de la Corte Suprema y a decenas de jueces federales?

Yo confieso que comparto éstas y otras preocupaciones. Vi varios de los rallies de la campaña electoral de Trump y he quedado anonadada: un tribalismo primitivo, donde las personas profesan absoluta lealtad a su pensamiento o doctrina y sentimientos negativos hacia quienes no pertenecen al grupo. Como los nazis. “Él (Trump) sabe quiénes somos los “verdaderos” americanos”, dice uno de los participantes. Otra dice, sobre los medios de comunicación: “espero que él cierre los medios y abra los suyos, tendrá seguramente millones de personas que lo seguirán” (que nos pregunte a los venezolanos sobre eso). Otra más: “él no tiene miedo de “movilizar” a la gente que sabe lo que es correcto para este país”. “No vamos a aceptar que Hillary gane las elecciones y se salga con la suya. Habrá otro nivel de turbulencia, claro, sin violencia, pero vamos a poner el país patas pa´rriba” (¿cómo se pone un país patas pa´rriba sin violencia?)…

Un video que me estremeció fue uno de un grupo de rednecks -uno de ellos desnudo de la cintura para arriba y tatuado hasta en las uñas- que le grita a un grupo de mexicanos: “¡Fuera de aquí, hijos de p…! ¡Fuera de aquí, que éste es nuestro país! ¡Somos los orgullosos vergatarios americanos! ¡Nos “hicieron” aquí en los Estados Unidos, hijos de p…! ¡Váyanse a cocinar burritos de m…! ¡Váyanse a cocinar tortillas, hijas de p… y a construir el muro de m… para mí!… ¡Trump! ¡Yo amo a Trump! ¡Jódanse! ¡Yo amo a mi país! ¡Yo me follaría al menos a diez de ustedes en una sola sentada! ¡Tienen suerte de que están aquí estos policías! ¡Tienen suerte, p…!

Los parecidos con Hitler son demasiados. Tiene nexos cercanos con el Ku Klux Klan. Su agresiva y provocativa retórica de “hacer a América grande de nuevo” caló en la mayoría de la clase media baja americana, racista, clasista, inculta, machista (incluyendo a las mujeres), que encontraron cómo canalizar sus resentimientos. Además, contó con la grandísima ayuda de James Comey, director del FBI, quien “convenientemente” hizo una acusación de que “nuevos emails que incriminaban a Hillary Clinton habían aparecido” para desdecirse cuatro días antes de las elecciones. Donald Trump nunca ha disimulado su racismo ni su misoginia. Heil, Trump! Ojalá me equivoque, porque si no, que Dios agarre al mundo confesado.

@cjaimesb