Carolina Jaimes Branger: A Diana también la mataron

Diana no falleció. A Diana la mataron. La mató la desidia de este régimen que se dice socialista, que se proclama humanista, que repite ad nauseam que el ser humano es el centro de su revolución.

La señora S. era hipertensa. De una edad ya avanzada, su deterioro se hacía evidente cada día, sobre todo después de las crisis cuando le subía la tensión porque sus hijos no conseguían los medicamentos. Sus últimos días fueron un calvario para todos: no sólo eran las medicinas, sino los pañales, los centros de cama y todo lo que un paciente encamado necesita. La señora S. finalmente murió.

Treinta días después, fallecía su hija Diana. Que un anciano muera es esperable, pero en ningún caso por falta de medicamentos. Peor aún que una hija que tenía muchos años de vida por delante fallezca literalmente de mengua. Eso fue lo que le pasó a Diana. Todo comenzó por una caída que le ocasionó dos fracturas. De ahí en adelante todo fue cuesta abajo. Fue imposible encontrar los remedios, algo tan sencillo de encontrar en cualquier otra parte del mundo, o en la Venezuela de antes, como albúmina y plaquetas. Se pidieron por todos los medios posibles, gracias a un familiar que tiene una amplia red de contactos con miles de seguidores en las redes sociales, pero fue misión imposible.

Diana no falleció. A Diana la mataron. La mató la desidia de este régimen que se dice socialista, que se proclama humanista, que repite ad nauseam que el ser humano es el centro de su revolución. A Diana la mataron y son legalmente responsables de su muerte todos aquellos -de Nicolás Maduro para abajo, pasando por la inefable Luisana Melo, una mujer que es médico y que como médico debería salvar vidas, no acabarlas- que han negado consistentemente que estamos en emergencia y rechazan la ayuda humanitaria. Todos los días mueren personas que no consiguieron medicamentos. Sus asesinos tienen nombre y apellido y algún día, más cerca que lejos, pagarán por esos crímenes.

Diana murió por falta de albúmina y plaquetas… los dos principales productos de la planta Quimbiotec que el régimen desmanteló en el IVIC, para que unos sinvergüenzas se lucraran importando lo que Quimbiotec producía. Quienes manejaron esa planta de derivados sanguíneos con tanta asertividad, están hoy fuera del país, huyendo de autos de detención amañados e injustos de toda injusticia. Hay dos muchachas presas, porque la “legalidad” venezolana necesitaba chivos expiatorios a quienes culpar para justificar la toma y la subsiguiente destrucción de una de las mejores plantas de su especie en el mundo, con tecnología de punta y procesos de avanzada.

Hace un año escribí sobre Ramón, el portero de mi edificio, quien como la señora S. murió por falta de medicamentos para la hipertensión. Ya llevamos un año más sin decretar la emergencia y aceptar los medicamentos que vienen de otros países. Hay noticias de contenedores en los puertos llenos de medicamentos vencidos o por vencerse, porque el régimen no otorga los permisos para liberar la carga. ¿Soberbia? ¿Creen que pueden tapar el sol con un dedo? ¿Estupidez? ¿Indiferencia? ¡Todas las anteriores!

Uno de los hermanos de Diana nos envió a sus amigos al día siguiente de la muerte de ella un texto que intituló “Escrito con inevitable amargura”, del que cito a continuación una parte:

“Quiero compartir contigo la indignación, la impotencia y la tristeza que siento ante la muerte anoche de una de mis hermanas por falta de albúmina humana y de plaquetas, sumado a la dificultad de conseguir a tiempo los antibióticos. Finalmente conseguimos a precios escandalosos la albúmina, pero ya era tarde. Dios, Venezuela no merece esto. Es complicado para mí darle una connotación política a una tragedia familiar, pero cómo evitar decir que el gobierno tiene una elevada responsabilidad ante no sólo la muerte de mi hermana, sino de tantos venezolanos que mueren por falta de medicinas. Mi hermana Diana ya es parte de una estadística macabra que escandaliza al mundo entero…”

Sí, Diana fue asesinada, como tantos otros venezolanos. Unos a manos del hampa, ese poder criminal armado por el gobierno y ahora absolutamente fuera de control. Otros, a manos de esos burócratas que por defender lo indefendible no les importa cuánta muerte y desolación haya a su alrededor. Y otros más a manos de los bachaqueros de las medicinas, que tienen sus negocios con las redes de distribución que supuestamente controla la Fuerza Armada. Todos los asesinos de esos muertos provienen del mismo sitio: el gobierno de Nicolás Maduro.

Uso el ejemplo de Diana para ponerle nombre a una tragedia que hora a hora enluta a hogares venezolanos. Hace tres días fue Diana, pero hay miles de Dianas muriendo porque los responsables de sus muertes quieren seguir aparentando ante el mundo –que sabe perfectamente lo que pasa aquí- que aquí no pasa nada. Y esas Dianas seguirán muriendo, asesinadas por un régimen que miente y sigue mintiendo. Que roba y sigue robando. Que mata y sigue matando. Diana a Diana, nuestra patria se muere cada día.